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El fiasco Renzi

Llego joven, con sólo 39 años, a la política nacional desde la alcaldía de Florencia con el propósito de reformar un país tradicionalmente gerontocrático y supuestamente irreformable, pero se ha convertido en un fiasco.

Y resulta llamativo que se sintiese obligado a mostrar ante las cámaras de televisión el extracto de su cuenta bancaria en un intento desesperado de convencer a sus compatriotas de que no se dedicó a llenar sus bolsillos, como tantos otros, en lugar de gobernar el país.

El semanario L´Espresso es tajante: Matteo Renzi "prometió en su día la revolución, y, sin embargo, prevalecieron los viejos métodos. La ocupación del poder por amigos, socios y clientes".

Pocos meses después de dejar la jefatura del Gobierno tras la clamorosa derrota en diciembre de 2016 del referéndum sobre reforma constitucional que había convocado para reforzar su propio poder, Renzi es "el líder político menos querido" del país, por detrás incluso del "redivivo" Silvio Berlusconi.

Renzi tiene, según los sondeos, la aprobación de sólo un 23 por ciento de los italianos mientras que la de su correligionario y actual primer ministro, Paolo Gentiloni, que heredó su puesto, es dos veces más alta.

Según los sondeos de intención de voto, en las próximas generales de marzo, el Partido Democrático (PD), de Renzi y Gentilone, puede verse "masacrado" por la Lega Nord, en el norte del país, y por el movimiento Cinco Estrellas en la Italia meridional.

¿Qué ha pasado en tan poco tiempo con ese joven político que hace menos de cuatro años conseguía para su partido más de un 40 por ciento de los votos emitidos y que hace menos de un año triunfaba en las primarias del PD?

Renzi se hizo con el poder en el Partido Democrático con la promesa de llevar a cabo una revolución radical, de acabar no sólo con la gerontocracia del país, sino también con los viejos métodos corruptos de la política italiana.

Pero, como constatan publicaciones tan serias como L´Espresso o el diario La Repubblica, en lugar de basarse en el mérito para sus nombramientos tanto en el partido como en la Administración, Renzi recurrió a los métodos de siempre para tejer una red de lealtades.

Y el resultado de todo ello es que en un país aparentemente incorregible ha resucitado un político como Silvio Berlusconi, condenado por fraude fiscal, con toda una serie de escándalos sexuales a sus espaldas y que, aunque personalmente inhabilitado hasta 2019, podría ser el artífice de un futuro gobierno de derechas.

Un gobierno de coalición que integrarían junto a su Forza Italia, la xenófoba y euroescéptica Lega Nord, hoy rebautizada como Lega, y el partido Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, que fue ministra en el último Gobierno de Berlusconi.

Habría otra posibilidad teórica, aunque inverosímil, y es que los populistas de la Lega se aliasen, no con Forza Italia, sino con los del movimiento radical Cinco Estrellas, que fundó el cómico Beppe Grillo, últimamente apartado de la primera línea de la política.

Si bien Cinco Estrellas, que ha abogado siempre por una democracia directa que aprovecharía las posibilidades de internet para votar las decisiones políticas, se ha mostrado hasta ahora contrario a toda alianza con los partidos tradicionales.

Cinco Estrellas es el único de los partidos populistas que no se define como de derechas o de izquierdas, lo que le permite atraer los votos de protesta de unos y otros.

Sin embargo, últimamente, bajo su nuevo y joven líder, Luigi di Maggio, se ha desplazado hacia posiciones más tradicionales, por ejemplo en el tema del euro, que ya no rechaza de plano como antes.

Los sondeos no dan a ningún ganador claro el próximo marzo, por lo que serán necesarias seguramente arduas negociaciones entre unos y otros.

Como escribe el corresponsal en Italia de The Economist, John Hooper, puede ocurrir lo que sucedía en los años de "la dolce vita": "gobiernos dirigidos por la Democracia Cristiana en alianza con otros partidos para cerrarles el paso a los comunistas. Sólo que esta vez los apestados políticos serían los de Cinco Estrellas". ¡Pobre Italia!

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