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Con ellos empezó todo

El insulto como herramienta y el rigor como lujo innecesario. Como dice mi amigo Enrique, José María García y José Ramón De la Morena fueron una desgracia para el periodismo deportivo español. Que su lamentable estilo y su ignorancia enciclopédica triunfaran explica el desastroso nivel medio actual. Con esos maestros, qué puede esperarse de los discípulos.

La entrevista y los cebos del programa prometían un intenso domingo en laSexta y no fue así. Cuando uno ha visto a Jordi Évole presumir tan a menudo de poner nerviosos a sus entrevistados sacándoles documentos comprometedores con su Ipad y, en cambio, saca apenas un par de chucherías contra los empresarios García y De la Morena, pues la cosa resulta bastante decepcionante.

En todo caso sentar juntos a García y De la Morena, teniendo en cuenta que ambos ya habían aireado que habían hecho las paces, que hace 15 años que ya no son competidores, que García está retirado y le entusiasma poder sermonear ante las cámaras y que De la Morena ya no está en la SER ni en PRISA, sino en Atresmedia (la misma empresa para la que trabaja Évole), pues, digamos que lograr la hazaña de la reunión no es de Nobel de la Paz.

Fue una oportunidad perdida. Ver a una estrella mediática reflexionar sobre si fue vocero de los negocios de otros o de intereses político-mediáticos, o de lo que hay detrás de sus polémicas hubiera tenido su gracia, pero no pudo ser. En su lugar nos ofrecieron por enésima vez el recital de una antigua estrella criticando lo mal que lo hacen todos menos él.

No hubo pregunta sobre el por qué de las grescas y los conflictos, ni qué intereses había detrás de la guerra de los derechos del fútbol, a pesar de que De la Morena y García tienen en sus respectivos historiales minutos y minutos de programación dedicados a defender a empresas y sus intereses explotación de los derechos de emisión del fútbol. Ni se citó. No hablemos de pelotazos 'telefónicos', ni de recalificaciones bruneteras, sólo un par de chascarrillos y ya está. Este «Salvados» solo fue un «Sesgados». Un «Qué tiempo tan feliz» con cuatro monerías.

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