25 de febrero de 2018
25.02.2018

Sorolla flota en su época

25.02.2018 | 04:15
Sorolla flota en su época

«Continuo buscant-la en els teus ulls/vora aquell mateix mar que davant nostre/llueix amb les ruïnes dels seus blaus». Joan Margarit (2005)

La mejor noticia que ha aflorado en la ciudad de València en los últimos meses es la idea de abrir el museo dedicado al entorno de Joaquín Sorolla. Es, con diferencia, uno de los personajes autóctonos con mayor proyección internacional. Casi el único pintor valenciano que mantiene conocimiento y cotización en el mercado mundial del arte. La ubicación adecuada es la prevista en el edificio del Reloj que ejerce de gozne en el recinto portuario. Víctima de tantas atrocidades para con sus instalaciones tradicionales en las últimas décadas. La iniciativa encaja en el empeño de vincular la fachada marítima de la ciudad con la realidad urbana que ha permanecido, durante lustros, ajena al mar. Proyecto que restituye la figura de Sorolla al que, de forma arbitraria, se ha vinculado a la estación de tren para el AVE. La figura clave para el ferrocarril valenciano y español es la del exalcalde José Campo y Pérez, marqués de Campo.

Reconciliación. El museo Sorolla-Cabanyal es la oportunidad municipal de hacer justicia con los poblados marítimos al potenciar el Cabanyal y su entorno. Lejos de ser un inconveniente, sitúa la dársena interior del Puerto de València en el eje del circuito artístico de los museos del perímetro municipal, por derecho propio. De la mano con la memoria del pintor que ha promocionado València por el mundo con sus marinas. Ya que el Museo Sorolla, instalado en su antigua residencia capitalina, ya existe en Madrid, el de València bien podría abrirse desde su persona y su pintura hacia la sintonía con su época.

Modernismo. El tiempo de Joaquín Sorolla coincide con la época de mayor esplendor de València durante el siglo XX. El auge de la arquitectura modernista no fue casual. Los mercados Central y de Colón, la Estación del Norte (que habría de llamarse de Xàtiva) y otras edificaciones coetáneas, podrían equipararse como fenómeno cultural y social con el esplendor del gótico civil –Lonja de los Mercaders y las puertas de Quart y Serranos– de los siglos XV y XVI. Cuyos vestigios, derrocada la muralla, dan testimonio del siglo de oro valenciano. Su reflejo se irradió a la literatura, el comercio, la industria, el arte y el conocimiento. Encontró en la Universitat de València, el núcleo de pensamiento que todavía hoy se respira en el sosegado claustro del edificio de la Nau. Lo preside la efigie del perseguido por la Inquisición, Joan Lluís Vives. El amigo de Erasmo que hubo de morir en Brujas acosado por sus raíces judías.

«Homenots». Sorolla describe e ilumina un período histórico con personajes brillantes del conocimiento y la cultura. Destaca Vicente Blasco Ibáñez, que aunque nacido en el barrio de Velluters, tiene su visión puesta en la València de mar, navegación y pesca que ubicó en el Cabanyal el afianzamiento de sus fidelidades y querencias. Blasco y Sorolla dan para uno o varios museos. Les acompañan personalidades clave del nivel de Teodoro Llorente, Constantí Llombart, Josep Aguirre, Mariano Benlliure, José Campo, el canónigo Roc Chabàs, el arabista Julián Ribera, Vicent W. Querol y tantos otros. Sin olvidar las actividades comerciales ligadas a la seda, la naranja y el vino que hicieron del Cabanyal el centro de negocio que atrajo a la aristocracia mercantil con eco internacional. En el epistolario de Llorente hay dos cartas de Sorolla al poeta y periodista que predominaba en València con vinculaciones en los foros culturales europeos. Impresiona la profundidad pictórica en el retrato de Llorente que pintó Sorolla y pude contemplar en el despacho de Emilio Attard cuando fue presidente del Banco de la Exportación, ya extinto. La obra de Sorolla respira costumbrismo realista y vocación social. De su mano salió el cartel anunciador del periódico republicano de Blasco, El Pueblo. Con él compartió amistad, confraternidad con la agitación del momento y afinidades ideológicas en celo cosmopolita.

Sintonía. Joaquín Sorolla era un pintor vehemente que vivía en València o en Madrid y pasaba sus veranos en Xàbia, donde pintó marinas y retratos. Es otra versión de la figura de Sorolla en su época con prolongación en el territorio del País Valenciano. Sorolla se autodefine en la carta que le mandó a Llorente desde el Cabanyal en 1896: «Soy un valenciano amante de las glorias de su tierra y cuando se conocen y se les quiere como a V. aumenta el entusiasmo». Sería estimulante combinar pintura, arte, cultura, literatura, actividad económica, cosmopolitismo internacional, espíritu exportador o auge financiero con pinceladas de sentimiento social y efervescencia política. No desde el encasillado de individualidades, sino en una sinfonía colectiva fiel a la València de finales del siglo XIX y principios del XX. Un reto.

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