02 de marzo de 2018
02.03.2018

Trenquem sostres ja!

02.03.2018 | 09:37

La Universitat de València tiene el honor de ser una de las más antiguas de España, por delante de muchas otras relevantes universidades. Cuando Roderic de Borja concedió la bula papal para su fundación en el año 1499, bajo el nombre de Estudi General, estaba dotando a nuestra tierra de un centro de estudio y de progreso, que tendría consecuencias fundamentales sobre el futuro del pueblo valenciano. Al frente de la misma ha habido 123 rectores, que han contribuido a su crecimiento y estabilización, manteniendo siempre la Universidad un papel activo en la educación cívica y cultural de los valencianos.

Desde aquel momento fundacional, hubieron de pasar casi cuatro siglos para que salieran de sus aulas las dos primeras mujeres tituladas. Historiadores de la medicina y también nuestra Unitat d´Igualtat han reconstruido sus méritos y su biografía. Fueron Manuela Solís Clarás (1862-1910) y Concepción Aleixandre Ballester (1862-1952), doctoras en Medicina, audaces profesionales y destacadas científicas; y, en el caso de Concepción Aleixandre, además, comprometida con la lucha cívica, activista y sufragista.

Esta pequeña ventana abierta a la igualdad, tras siglos de patriarcado y exclusión, quedó cerrada a cal y canto por ley y hasta 1910 no volvieron a abrirse las aulas para las mujeres.

Hoy, en el siglo XXI y desde hace varias décadas, las mujeres se han integrado masivamente en las aulas y, poco a poco, en diferentes puestos directivos; pero, no es menos cierto que llegar a dichas responsabilidades les ha requerido muchas veces un mayor esfuerzo que a los hombres.

Son muchas las causas de esta ausencia, en las cuales no entraremos en este artículo. Pero, como indica Londa Schiebinger, que será investida Honoris Causa por la Universitat de València el próximo 12 de marzo, "el sexo es un fenómeno biológico y el género es un fenómeno cultural, que incluye comportamientos, actitudes, y valores". Por tanto, este hecho cultural debe combatirse con políticas activas y gestos importantes que consigan doblegar esta tendencia.

Porque, sea como fuere, es una evidencia que la tasa de catedráticas es mucho menor que la de catedráticos y que, como se viene denunciando estos días, los sueldos de las mujeres son en general inferiores a los de los hombres (una reivindicación que ha llevado a los colectivos feministas a organizar una huelga general el próximo 8 de marzo). A pesar de todos los avances realizados, persiste irreductible una estructura excesivamente masculina y heteropatriarcal.
En estas elecciones al rectorado de la Universitat de València, se presentaron en la primera vuelta dos mujeres (las profesoras María Antonia García Benau y Mavi Mestre) y un hombre (el profesor Vicent Martínez). Aunque Mavi Mestre obtuvo 6'4 puntos más que el segundo candidato, no consiguió la mayoría necesaria para formar gobierno, lo que conduce a una segunda vuelta. En ella, el día 6 de marzo, competirán Mavi Mestre y Vicent Martínez.
A Mavi Mestre le avala, en primer lugar, su dedicación docente y su calidad investigadora, que no ha interrumpido en ningún momento; su conocimiento amplio y sólido sobre la institución; la capacidad de diálogo y mediación, como ha demostrado al frente de la mesa negociadora; su compromiso y su capacidad de buscar soluciones alternativas y generar consensos en los distintos órganos de participación; ha mostrado su capacidad para escuchar y, en tiempos que continúan siendo difíciles, asume una transformación responsable y plantea el cambio realista y posible. Para ello, se ha rodeado de un equipo sólido y con gran experiencia.
Pero, además, con ella se romperá el último nivel del techo de cristal. Este sí sería un verdadero cambio histórico, absolutamente necesario para avanzar en la lucha contra la discriminación de género. Solicitamos el voto de la comunidad universitaria el día 6 de marzo a favor de este cambio, a favor de Mavi Mestre.
Hay que romper el techo de cristal ya. Sobran las buenas palabras y faltan hechos. Después de cinco siglos de vida académica sería incomprensible que con dos candidatas al rectorado, finalmente ninguna de ellas alcanzase ese reconocimiento, que tanto impulsaría la igualdad dentro de nuestra universidad. TRENQUEM SOSTRES JA!

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