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El abandono del interior valenciano

El 1 de octubre de 1885 se ponía en marcha el tren que unía a Utiel con València. La prensa de entonces recogió con alborozo una infraestructura que vertebraba la capital del viejo reino con los territorios del interior. El precio del billete de primera costaba 95 céntimos de peseta y el de tercera, 45 céntimos. El recorrido se realizada en tres horas y media, con aquellas máquinas de vapor. Hoy, ciento veintitrés años después, necesitas más de dos horas, el doble del tiempo invertido en automóvil.

La construcción de la vía del AVE no puede dar servicio a pasajeros ni a mercancías. Hay una estación en medio de la nada, con más lujos que la de València y cuya rentabilidad, pasados unos años, sólo debe conocerla la empresa que la construyó. Otro más de los escándalos de los que nadie habla.

Las comarcas del interior valenciano se despueblan. La agricultura, muy mecanizada, no puede satisfacer el futuro de los jóvenes. Aquellos que tuvieron suerte de estudiar y obtener empleo lo han tenido que hacer lejos de sus pueblos natales. Allí donde corretearon en su niñez quedan sus padres y sus abuelos, pensionistas que sostienen los pocos servicios que van quedando. En sus casas, envejeciendo entre añoranzas y tristezas, contemplan acompañados del dolor de la soledad cómo sus pueblos se mueren, cómo se mueren ellos. ¿Quién velará por las casas, calles y plazas? ¿Acaso los ancianos con más pasado que futuro, con débiles fuerzas que suspiran en silencio la compañía que no tienen de hijos y nietos?

Surgen debates y propuestas. Turismo rural, apuntan unos y otros. Cada cual ofrece lo que tiene: parajes hermosos, tranquilidad, aire puro, gastronomía€ Es necesario impulsar algunas empresas que creen nuevos puestos de trabajo, se dice. Quizás en Requena y Utiel, y su amplia comarca interesa fomentar el turismo relacionado con la enología, aporta otro. Quien más quien menos tiene alguna esperanza, pero para el turismo se necesita un tren que de València a Utiel no tarde dos horas€ Para retener en el pueblo a quien trabaja en la capital sería bueno que en menos de una hora se llegara al centro de la capital sin necesidad de conducir y con un bono mensual asequible. Para crear ese puerto seco que almacene los contenedores que se descargan en el puerto, se precisa una vía de tren en condiciones. Sí, es necesario, es imprescindible mejorar esa línea inaugurada en 1885. Al menos desde València a Utiel. Después, desde el puerto a Madrid. Una vía rápida para pasajeros y para mercancías.

Mientras el interior valenciano se despuebla y sus jóvenes se marchan a Alemania, Inglaterra, Madrid, Barcelona, Dublín o México, los políticos valencianos discuten sobre las igualdades de género, la conveniencia de manifestar o no expresiones religiosas en las calles o sobre política lingüística, que es algo absolutamente prioritario para las gentes de Requena, Utiel o el Valle de Ayora (a estos les espera el cierre de la nuclear€ que certificará la muerte definitiva de la comarca). ¿Quién tiene peso en el Ministerio de Fomento para solucionar ese tema? Algunos pensarán que para los votos que hay no vale la pena perder el tiempo presionando a la hora de los presupuestos. A eso hemos llegado. A apostar allá dónde sólo haya votos. Así es que entre unos y otros, esos castellanohablantes del interior que quieren ser y sentirse valencianos contemplan a su alrededor y perciben un abandono lento, entre recelosas y, a veces, demasiadas veces, interesadas indiferencias. Sus alcaldes y concejales reciben buenas palabras y fingidas compulsiones de solidaridad. Nada más.

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