06 de abril de 2018
06.04.2018

El «homo corruptus» bipolar

05.04.2018 | 21:33
El «homo corruptus» bipolar

Utilicé por primera vez el término corruptus en un artículo publicado el 21 de abril de 2017. En aquel artículo comentaba que, dentro de miles de años, los arqueólogos del futuro encontrarían una nueva especie española, experta en manipular, a la que bauticé homo corruptus. En ese artículo hacía alusión al uso torticero de la manipulación como una de sus habilidades y estrategias.

Hoy quiero introducir un nuevo término para ahondar un poco más en la descripción de este personaje. Me refiero al término bipolar, no en su acepción de trastorno de la personalidad, sino como «técnica empleada para manipular». Me refiero a aquellas personas que ocultan la verdad por medio de mensajes a veces incomprensibles y manipuladores, parafraseando y tratando al resto de la humanidad como criaturas de poca edad, ignorantes e incluso mediocres con el único fin de engañar para al final mantener su estatus y el de su especie. Una técnica que recuerda lo que decía el lingüista Noam Chomsky en sus Diez estrategias de la manipulación mediática (2011): «Cuanto más se intente engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante».

A veces, el homo corruptus bipolar muestra síntomas como: trabarse la lengua y decir frases sin sentido. Tenemos algunos políticos con ese perfil. Pero, ¿qué se esconde tras estos síntomas? La cuestión es que el homo corruptus bipolar manifiesta lo que le viene en gana; pero ejecuta todo lo contrario. Todo ello con un rostro rancio y santurrón, mirando más a los cielos que a la Tierra.

El homo corruptus bipolar, en un ataque de nervios, se envalentona y coge rabietas, lo niega todo hasta lo que es evidente y no dice más que tonterías. Afirmaciones que no se las cree ni él mismo. Al menos, las personas sensatas no nos las creemos.

En la Comunitat Valenciana, el homo corruptus bipolar ha encontrado su auténtica fuente de sustento: la depredación económica sin límites y sin escrúpulos. Su actuación ha provocado que la política se encuentre en la cota más baja de su credibilidad. Los homo corruptus bipolares no tienen límites personales: lo quieren todo, desean cada vez más€ incluso las sobras.

Ahora tenemos una nueva especie: el homo independentíbilis, pero eso es otra historia que ya se verá. Desgraciadamente para el resto de los mortales, la vida no sigue igual: suben los gastos, bajan los ingresos€ si no, que se lo pregunten a los homo jubilis de este país, pero esta también es otra historia. Tal vez un examen de la personalidad de este homus corruptus bipolar o un estudio lingüístico pormenorizado resuelva esta incógnita.

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