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Romper el empacho

En defensa propia y por razones biográficas siempre me he representado el poder español por su caricatura: un señor bajito y muy pero que muy cabreado, con un bigote rancio que filtra nicotina. A veces, el mandamás (una palabra formidable de la lengua castellana) es un señor con toda la barba que fuma puros a modo de desafío fálico, como es nuestro caso, pero es lo más cerca que Mariano Rajoy se situará de la actividad cognitiva. La España de Frascuelo y de María, de novios de la muerte y cruces procesionales, invoca al irse a la cama a una legión de espectros encabezados por el separatismo catalán (y la hidra marxista), así no es extraño que descanse mal.

Tras la pesada digestión de las resoluciones judiciales que no controla (lógico, se producen en Alemania), ese poder obstructivo, ese empacho secular de beatería y mala idea, ha optado, como Erdogan de Turquía, por criminalizar a todo lo que huela a kurdo o a armenio por más que los CDR catalanes estén muy lejos, en ferocidad y poder destructivo, de la kale borroka: el primer caso en Europa de reclamación de un nuevo Estado que, tras meses de enfrentamientos, no ha provocado un solo muerto, ni en sus filas ni en las ajenas. Da igual: se les acusará de sedición y terrorismo, de estar vendidos a Irán, como Pablo Iglesias, como Pedro Sánchez si se pone tonto. Se admite adhesiones inquebrantables.

Ni en sus sueños más desbocados podía el soberanismo catalán imaginarse que Mariano Rajoy y los suyos seguirían con tanta fidelidad los argumentos del energúmeno, el guión que, con tanta parcialidad como astucia, les asignaron los independentistas. Lo vengo diciendo desde hace mucho: el problema es el PP. Un autor inteligente, de derechas, de género corto (así no tienen que leer demasiado, ni asistir a clase), Julio Camba, decía: «España tiene federadas sus cocinas, como tiene federados sus usos y costumbres». Romper el empacho, recuperar la motilidad intestinal dejar que baje ese poder podrido y en repliegue: ya producimos más Historia de la que podemos digerir.

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