09 de mayo de 2018
09.05.2018

ETA, su último suspiro

09.05.2018 | 02:31
ETA, su último suspiro

Visita a París de Klemens von Metternich, quien fue el embajador de Austria ante Napoleón. «Sire, estas son las condiciones de Austria para su rendición». Asombrado, Bonaparte le espetó: «He organizado la paz en Europa. Yo no pido la paz, la hago, mejor aún, la impongo». A lo que de nuevo el embajador le respondió: «Me temo que vos, Sire, no estáis en disposición de imponer nada. Todo el mundo es consciente de que lo habéis perdido casi todo».

Esa secuencia es la que me vino a la cabeza cuando visualizaba el circo mediático organizado por la banda criminal y terrorista ETA para anunciar su desarme, su entrega de armas, su disolución. Y no me sorprende este circo, es el que siempre llevaron, con sus payasos y artilugios circenses, su menosprecio a la verdad, a lo serio, simplemente vomitivo. No era de esperar otra cosa de ellos.

Agria y no menos sorprendente fue también la actitud de muchos políticos. De algunos no podíamos esperar otra cosa, son lo que son y no se han escondido. Han preferido siempre avalar la estrategia de ETA, de hecho, ya están en las instituciones. Y siguen sin condenar abiertamente su violencia y terror. Otros se han implicado más aún en blanquear la historia de ETA, en tratar de poner el cuentakilómetros a cero, en intentar ablandar el terreno, en intentar anestesiar todo y a todos.

Yo dormiré más tranquilo a partir de ahora. Sabiendo que el papá de mi buen amigo Fran Robles (guardia civil asesinado por ETA en Pasajes) sabe que los demócratas han acabado con la banda terrorista. Que las FCSE, los fiscales, los jueces y la sociedad civil han sido los que han acabado realmente con ETA. Que, con tanto esfuerzo, sufrimiento y muerte, han sabido y querido resistir de forma decidida para imponer la justicia, la paz, la democracia y la decencia en este país. Lo demás, sobra.

Lo importante es que se mantenga toda la dignidad para las víctimas y que aquellos que hicieron tanto daño pidan perdón, cosa que no han hecho. Quedará en el más absoluto deseo personal concederlo. Pero no vale todo. Se ha peleado mucho y sufrido mucho para que valga todo. Seguramente, serán los mismos los que hablan de Otegi como hombre de paz. Los mismos que escuchaba yo allá por el año 1995 cuando mataban un civil: «Qué cerdos, ¿qué culpa tendría?, no es ni policía», como si asesinar a un policía estuviese justificado. Es a lo que nos quisieron acostumbrar. Anestesiaban el lenguaje, hablaban siempre de «conflicto» entre dos partes, poniendo al mismo nivel a víctimas y verdugos. Lo dicho, asqueroso y repugnante. No pueden estar nunca al mismo nivel los Pagazaurtundua, Blanco, Lluch, Broseta, Múgica, Robles? que los Otegi y sus secuaces. Nunca. Porque si eso se produjese alguna vez, estaríamos retorciendo la democracia, la dignidad y la justicia. Si eso pasa alguna vez, que paren el mundo porque yo me bajaré.

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