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Pura vanguardia

Confieso que los premios Nobel son ininteligibles para mi desde el principio, y no solo porque se lo dieran a José Echegaray, que también. Fabrique y venda usted dinamita con fines civiles, militares y, tal vez, eclesiásticos y luego con los beneficios dote unos galardones para algunas artes y ciencias: desde el principio no contaban ni la música (por lo que hubo que resarcir a Bob Dylan con el de literatura), ni el teatro (tal vez porque para aguantar un estreno escandinavo hay que merendar dos veces). Dice el escritor Eslava Galán que las únicas artes que reconoce como tales son la música y la cocina: las dos trafican con substancias fungibles. Como la dinamita, nacida para estallar.

El caso es que ahora dicen que el Nobel de Literatura podría no otorgarse este año porque un académico sueco cuyo nombre no me da la gana buscar en Google era ligero de bragueta y acosaba a unas y otras ¿Qué tendrá que ver un impoluto soneto o una buena sinécdoque con la liviandades de pilila? ¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? Tampoco me parece argumento de peso que haya grupos de presión en la Academia sueca y otros chanchullos, confesables o no, que favorezcan a este candidato o al otro. El premio literario que esté libre de intromisiones y desvíos que tire el primer ripio (y que lo componga Alfonso Ussía).

Todo esto me recuerda al señor Pulitzer, que dedicó su vida a la postverdad y el periodismo amarillo y luego legó su fortuna para premiar a los buenos reporteros. Los premios Nobel se ampliaron hacia la paz y su contrario, la economía, que es la guerra y no ninguna ciencia, a no ser que se considere ciencia la quiromancia o la astrología. Bien. Ahora Donald Trump pide el Nobel de la Paz por no haber intercambiado misiles con Kim Jong Un, es decir por no haber apaleado al coreano por temor a salpicarse el terno. Ya se lo dieron, precipitadamente, a Barack Obama, que lo aprovechó para abrir nuevos frentes en Libia, Siria y algún otro lugar menor. Propongo que le den Trump el Nobel de Literatura: nadie ha hecho más por la literatura liofilizada e instantánea de Twitter. Pura vanguardia.

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