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Philip Roth, el autor al desnudo

Philip Roth fallece al enterarse de que el Nobel de literatura se ha extinguido o desprestigiado para la eternidad. Cada año encabezaba las quinielas del premio, una prueba de la fe en el autor por parte de quienes no necesitaban ni leerlo. Estaba tremendamente orgulloso de su pene, con perdón, pero sin esta constatación no pueden entenderse sus novelas hoy inverosímiles por la concentración de testosterona. Tenía siempre a mano una foto desnudo, para mostrar el órgano totémico que acapara su producción.

Alcanzada la edad que no se mide en años, estaba convencido de que la camarera veinteañera que le atendía en un restaurante del Village se había enamorado perdidamente de su cliente.

El divorcio de Roth y la actriz Claire Bloom fue tan borrascoso como corresponde a dos artistas, pero lo mejor llegó cuando el escritor quiso cobrar las horas que había invertido ayudando a su esposa a ensayar las obras que interpretaba. Era un novelista tan incansable que se cansaba de sus novelas a medio camino. De ahí los comienzos fascinantes y las caídas espectaculares del producto, véase también Joyce Carol Oates. Sus títulos más valiosos discrepan de los más sobrevalorados, pero nadie debería perderse ´Las némesis´ ni ´Sale el espectro´. Su epitafio: "No igualó a Saul Bellow", por mucho que Tom Wolfe pensara lo contrario.

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