27 de mayo de 2018
27.05.2018

Dos vidas, dos destinos

27.05.2018 | 04:15
Dos vidas, dos destinos

«Parlar de mi? No puc. Val més que parlen/
aquells que m´han vist vindre/
per un camí de tots, o com un núvol,/
portant el cor humil i els peus il·leso». Anfós Ramón i Garcia (València,1968)

Ramiro Reig repetía a la promoción de 1965 la frase de san Ireneo: «la gloria de Dios es que el hombre viva». Y apostillaba, pero cada cual a su manera, con su impronta, con sus potencialidades. Ante todo sed vosotros mismos. Han ocurrido acontecimientos notables que marcan el devenir en el País Valenciano. La detención del expresident de la Generalitat Valenciana, Eduardo Zaplana y el fallecimiento del jesuita e historiador Ramiro Reig Armero, sindicalista ligado a CC.OO. y militante de Izquierda Unida. Por lo que fue detenido y confinado en su residencia por el franquista Tribunal de Orden Público. Nacido en Xàtiva, coetáneo del cantautor Raimon, también oriundo de la capital de la Costera, cuya canción emblemática, Al Vent, cerró la intervención de Joan Sifre en las exequias de Ramiro Reig. El hundimiento penal y político de Zaplana parecía haberse obviado, tras su periplo por Madrid, como ministro de Trabajo, portavoz del Gobierno de José María Aznar y empleado de Telefónica, ya despedido.

A iglesia llena. La ceremonia de corpore insepulto por Ramiro Reig S.I. tuvo lugar en la antigua iglesia a tope del Centro Arrupe, donde impartió docencia. En 1964-65 coincidí con Ramiro, él profesor y yo alumno. Después nos reencontramos en un proyecto editorial de 2006 sobre la economía valenciana en el siglo XX para la Cámara de Comercio de València que tuve la oportunidad de coordinar. Nos acompañaron el actual conseller de Hacienda, Vicent Soler, el catedrático Jordi Palafox, el arquitecto Francisco Taberner, Alejandro Mañes, el secretario autonómico de Infraestructuras, Josep Vicent Boira y Agustín Rovira, entre otros. .

Sensibilidad Ramiro Reig, no sin esfuerzo de autodisciplina en la censura impuesta, hizo gala de su magistral conocimiento de la historia en las tensiones sindicales y de la lucha obrera en el siglo XX. Plasmada con prosa impecable que responde a sus espléndidas facultades literarias. Esta aportación suya a un libro, que no aparece en sus referencias bibliográficas, se iniciaba con unas líneas que describen la situación actual. Ramiro Reig describía el peregrinar, en los albores del siglo XX, de políticos valencianos de todo signo, a Madrid, capital de España y sede del Gobierno, a implorar que atendieran las necesidades de la sociedad valenciana. Relataba que llegaban cansados a la estación del Norte en València, después de un fatigoso viaje y se despedían fundidos en un abrazo, conservadores y republicanos, unidos en un mismo esfuerzo e idéntica misión..

Ineficacia Primero valencianos y después, si cabe, adalides de una ideología. Es nuestra asignatura pendiente como territorio postergado. Es el mismo discurso de entonces y ahora, que Ramiro Reig sintetizó en una frase al referirse a las constantes inamovibles: «Sigue siendo una sociedad viva y dinámica con una clase dirigente dispersa que no pesa en los centros de poder». Como hoy, con el Consell de Ximo Puig, que nadie, ni empresarios ni políticos,-y añado-, ni los ciudadanos con la intención y con la fuerza de sus votos. Ni corredor, ni Conexus, ni patronales ni Cámaras, ni sindicatos. Todos juntos, de "mata morta", no son capaces de marcar una tendencia de logros hacia el progreso, en financiación e inversiones que son justas e imprescindibles para alcanzar la equidad en el conjunto del Estado. Ante nuestra pasividad, la cicatería centralista chalanea los trueques a su antojo en beneficio de intereses espurios...

Corrupción. Es la podredumbre de la corrupción la componente dominante de la política valenciana a lo largo de las últimas décadas. La caída de Eduardo Zaplana prevista en el entorno de personajes turbios y empresarios involucrados en sus andanzas, desde el momento mismo de su advenimiento en 1995, representan la apoteosis de la decadencia moral que ha llevado a la ruina de la Comunitat Valenciana. Cualquier observador advertía el hedor a putrefacción en la privatización y concesión de las estaciones de ITV, donde nombres, influencias y servidumbres confluían entre los que apoyaban sin tapujos y quienes recibían el pago de sus cohechos..

Cloacas. El inicio descarado y prepotente del mandato de Eduardo Zaplana en la Generalitat es uno de los más escandalosos y denigrantes de nuestra historia reciente. Ya hemos conseguido los valencianos tener a tres presidents de la Generalitat inmersos en procesos judiciales, que se traducen en el bochornoso asiento en el banquillo, los obscenos paseíllos hacia los juzgados o las detenciones con registros policiales. Necesarios, pero denigrantes para una sociedad que merece algo más edificante. Esperanza para un pueblo que sufre creciente merma en su calidad de vida y ve disminuir sus expectativas, ante el flujo de la delincuencia que rigió sus destinos y ha esquilmado las arcas públicas.

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