29 de mayo de 2018
29.05.2018

La revelación

29.05.2018 | 04:15
La revelación

Esta semana pasará a la historia de España. Como en el Evangelio de Lucas, de repente, el sencillo orden cotidiano se rompe y aparece la Verdad en la Sinagoga, así, esta semana se nos ha revelado la verdad de España. Sólo a los inadvertidos, a los que solo miran las figuras en las superficies de las aguas, sombras, o rostros en los espejos, todo eso que Platón llamaba el mundo de la apariencias, les habrá sorprendido esa verdad. A los lectores de esta columna, menos. Pues esa verdad dice que llevamos mucho tiempo caminando sobre el vacío. Lo nuevo de esta semana ha sido el contraste entre los abrazos y las alegrías de los presupuestos aprobados y la sentencia de los jueces de la Gürtel. Ese contraste ha tenido el efecto de shock que suele acompañar la emergencia de la realidad negada.

Los jueces y la guardia civil han manejado el ritmo de las cosas con precisión. Dejaré de lado la pregunta de si alguien mueve los hilos. Lo que no puede negarse es que hay cierta sabiduría en el tempo de los acontecimientos. En la fronda de una lucha de elites tan despiadada como España no conoce desde hace mucho tiempo, los jueces y la guardia civil son los actores principales. La estrategia retardataria de un voto particular ha impedido publicar la sentencia Gürtel antes de que los presupuestos pasaran su primer trámite. ¿Alguien imagina qué habría pasado si la bomba hubiera caído sobre el hemiciclo en medio del debate presupuestario? No. La guardia civil atacó con Zaplana, pero no fue suficiente. Los marianistas pudieron atajar esta noticia. Sus voceros exclamaron unánimes: «¡Esto es un asunto de Aznar!», «¡Es el pasado!», «¡Es el viejo PP!», «¿Cuándo le va a tocar a Agag?».

Para la opinión pública, sin embargo, no hay forma de separar a Rajoy de todo esto. Por mucho que él se considere don Tancredo, siempre estuvo allí. Por eso, y a pesar de que pudieron neutralizar la noticia de Zaplana, pronto descubrieron que no era sino la preparación para el verdadero clímax: que el presidente del Gobierno no fue creíble en sus declaraciones en sede judicial. No es decir que mintió, pero se parece a eso como dos gotas de agua. Este pasaje de la sentencia es una declaración de intenciones que sólo puede leerse como la voluntad de un proceso futuro. Del rey abajo ninguno. Eso es lo que significó el proceso a la infanta. ¿Qué creía Bárcenas, qué estaría protegido? ¿Qué se iba a proteger a su esposa?

Hace tiempo que la lucha de elites a la que asistimos dejó de ser un asunto de caballeros. Carl Schmitt propuso esta definición de elite: aquel grupo social que no permite que se escriba su biografía. Eso ha servido para España antes de la UCO. Ahora nos vamos a enterar con creces de sus vidas. Por supuesto, quienes las conocían ya eran los independentistas catalanes, que trazaron una bien medida estrategia basada en que esto no podía aguantar mucho más. Así llegamos a la evidencia que para algunos ya era un clamor: Rajoy es una pieza fundamental en la estrategia de Puigdemont. Mientras él esté en el poder, el Estado estará tan débil que será posible ganarle la partida. Hoy ya todos podemos ver que Rajoy ha jugado con fuego. Ha llevado al Estado a una situación extrema con la finalidad de que él sea imprescindible en la debilidad y de que nadie pueda tener margen de maniobra para evitar la parálisis. Tras la sentencia, por tanto, se revela ante todos la verdad de que la democracia española ha sido calculadamente manipulada, pervertida, instrumentalizada, corrompida en su más profundo espíritu por Rajoy. Tras la apariencia de normalidad existía una voluntad de intensificar todas los escenarios que llevaban nuestra democracia a la parálisis.

Y ahí estamos. Antes de que Sánchez hablara, Rajoy ya hacía explícito su comodín. ¡El PSOE tendrá que pactar con Puigdemont para ser presidente!, ha exclamado. Nunca fue más evidente que el problema catalán ha sido administrado para generar el terreno político en el que Rajoy no pueda ser sustituido. Si esta vez va más en serio, como el propio Rajoy dejaba ver con su enfado monumental en su inmediata rueda de prensa, es porque C´s también quiere su cabeza y saben que ha llegado la hora. Ahora la partida de la lucha entre las élites centrales se juega a muerte. Eso ya está sentenciado. Puede ser ahora o pasado mañana. Pero la decisión está tomada. Y la presión no va a cesar. Si El Mundo, por boca de su director, pide con toda claridad su dimisión, revela el estado de la cuestión. Significativo es que Rosell esgrima una oportuna cita de Calvo Serer para exponer la verdadera opción de Rajoy. Quien tenga oídos para oír, que oiga.

Por supuesto Sánchez se dispone a recoger los beneficios de esa lucha de forma completamente espuria. Ofrecer su partido para dar la puntilla a Rajoy no hace sino verificar su rango auxiliar. Querer cobrarse esa tarea con un año de gobierno es algo que C´s no puede permitir. La alternativa de aquella lucha es esta: o el PP se salva, cambiando de presidente (como ha ocurrido en Murcia y Madrid) o el PP se diluye con Rajoy. Esto se busca: que el futuro gobierno de España sea de coalición entre C´s y PP (sin Rajoy) o sea de mayoría de C´s, que se apresta a recoger todas las ratas que abandonen el barco. Pero la previsión es que la dirección la lleve C´s en cualquier caso. Por eso, Rivera no hará nada que implique que el poder vaya a Sánchez por un año. El beneficio que podría derivarse de ahí, dejar a Podemos fuera de juego, es demasiado peligroso para C´s. En conclusión, al hacer esta propuesta, Sánchez ha hecho una contradicción performativa: quiere una moción de censura que él mismo ha volado por los aires al pedir un precio imposible de pagar.

El plus que desea obtener Sánchez por pasarle a Rivera el testigo de la derecha española es conquistar una imagen presidencial suficientemente sólida. Es un beneficio excesivo. Pero hacer lo que le pide C´s y convocar elecciones en unos meses es demasiado poco y deja a Sánchez como una fuerza circunstancial. Es útil por sus votos pasados, no por los futuros. Por lo demás, esperar que todos los diputados nacionalistas e independentistas le voten sin pedir nada a cambio es soñar. Sólo Podemos votará incondicionalmente la moción de censura, porque es la manera de mostrar ante todos los españoles que, cuatro años después, en la misma escena, Iglesias está en condiciones de asumir una posición política generosa, al margen de toda cuestión partidista. Pero las demás fuerzas políticas no tienen que exorcizar un error anterior. Así que no darán un voto incondicional y nadie creerá que votan a Sánchez sin contrapartidas. Y la menor sombra de duda sobre esa cuestión, de hecho, puede ser letal para la unidad política socialista.

La realidad es que solo C´s tiene prisas para convocar elecciones generales. Los demás no. Los independentistas saben que este es el gobierno más débil. El PNV verá volar sus beneficiosos acuerdos presupuestarios. El PSOE no podrá detener la sangría actual. Podemos tampoco desea elecciones generales antes que las regionales y locales. Así que el juego de Sánchez parece poco probable. La alternativa que propuso Lucía Méndez el domingo por la noche en La Sexta, que todos le exijan a Rajoy que disuelva las Cortes y convoque elecciones, es lo más parecido a un mera moción de censura negativa, lo que sería un antecedente de dudosa constitucionalidad. Así que no hay otro destino que continuar con la degeneración de la democracia española en manos de Rajoy. La diferencia es que ahora lo sabemos todos.

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