31 de mayo de 2018
31.05.2018

Una mirada ecuánime sobre Israel

30.05.2018 | 23:11

Sara Reizman y su familia fueron deportados a Auschwitz desde un pueblecito cercano a Budapest, en Hungría, en 1944. Vio impotente cómo su hermana era conducida directamente a las cámaras de gas y no pudo hacer nada; sobrevivió al campo de concentración y las "Marchas de la Muerte" que organizaron los nazis, superó la guerra y llegó a un recién nacido estado al otro lado del Mediterráneo. Uno refrendado internacionalmente por la Organización de las Naciones Unidas. Empezó una nueva vida. "El año pasado, Sara Reizman, la abuela de mi esposa y bisabuela de mis hijos, celebró su 90 cumpleaños con su familia, en su casa situada cerca de Haifa, en Israel". La cita pertenece a Yinam Cohen, de la Embajada de Israel en España; se pronunciaron en la Asamblea de Madrid un 27 de enero hace dos años, durante la celebración del Día Internacional en Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. Hoy Israel se enfrenta a una nueva forma de antisemitismo: el antisionismo. El mayor problema de quienes quieren disfrazar este odio como algo no racial estriba en la realidad innegable de que estamos ante el único "estado judío" del mundo y se le niega su derecho legítimo a existir. La "solución de dos estados" que Israel defiende ha sido continuamente rechazada al otro lado de la mesa; se mantienen consignas más duras como "echar a los judíos al mar". Sin embargo, los mass media en España no permiten que el ciudadano común cuente con todas las variables de esta problemática. El último caso ha sido el de Gaza.
Salah al-Bardawil, representante destacado de Hamás, admitía hace poco en una entrevista de televisión palestina que cincuenta de las, lamentablemente, sesenta víctimas que se habían producido entonces tras el ataque a las fronteras israelíes en la Franja pertenecían a su organización, considerada terrorista por la Unión Europea, EEUU, Canadá, Japón e incluso Egipto, y que en su acta fundacional incluye como finalidad la destrucción del Estado de Israel. Con el objetivo de "levantar el asedio y liberar la tierra" se ha lanzado sin escrúpulos a mujeres y niños hacia una ofensiva estéril de decenas de miles de personas. El ejército israelí ha hecho lo que ha podido. Su portavoz, Jonathan Conricus, colgaba en Twitter esta entrevista a al-Bardawil con un comentario irónico, literalmente: "Le tomamos la palabra. Esto no fue una protesta pacífica". Realmente, más bien parece una "guerra de guerrillas" que tenga que dar paso a otra guerra mediática.

Los movimientos de boicot al Estado de Israel son otro buen ejemplo de lo anterior. Hace poco más de un año, en enero de 2017, se impidió por vía parlamentaria que el Ayuntamiento de Valencia declarase a la ciudad "espacio libre" de Israel ("Judenfrei", usando terminología de otras épocas). No pretenden ni promueven el diálogo entre palestinos e israelíes; su único objetivo es la destrucción del único "estado judío" del mundo, una democracia que alberga un 20% de población árabe y tiene el mayor nivel de tolerancia religiosa en todo Oriente Medio. También persiguen a quienes se declaran ecuánimemente a favor de este país en toda España. Además de ser iniciativas estériles de raíz por su inmoralidad e ilegalidad manifiesta -¿cómo y en base a qué un pleno municipal puede arrogarse la potestad de efectuar un boicot a todo un estado?-, son injustas porque coartan las libertades y derechos civiles de cualquier ciudadano israelí en nuestro territorio, de aquellos conciudadanos que mantienen la doble nacionalidad israelí y española, y porque cercenan la posibilidad de que todos disfrutemos de un intercambio comercial y cultural fecundo. Los tribunales de justicia ya han sido prolíficos en sus sentencias: el caso de Matisyahu en el festival de Rototom fue sólo una anécdota comparado con la inmensa cantidad de adhesiones plenarias municipales que ya han sido revocadas aquí por los jueces, como en Cocentaina, Catarroja, Xeraco y otras muchas localidades. Igual que en el resto de comunidades autónomas. Corren rumores de que este mes se volverá a intentar la adhesión del Ayuntamiento de Valencia a esta iniciativa profundamente sectaria. Esperemos que se imponga la moderación y sensatez entre los más sensatos y moderados. Esta información no es fácil de encontrar en los medios. Israel quiere la paz, el diálogo y el consenso, tres cosas que necesariamente deberán seguir ese mismo orden. Como cualquier persona de buena voluntad. Ojalá todos quisieran.

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