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Isabel Olmos

Conspiraciones

En los casos de corrupción de cargos públicos siempre me han abochornado dos cosas, además del delito en sí: las teorías de la conspiración y los aplausómetros de la clac. Acostumbrados a ver a la izquierda criticarlo cuando lo hacía el PP, ver ahora como ésta lo practica me tiene noqueada.

Hay dos aspectos vinculados a casos de corrupción que siempre me han abochornado especialmente: los aplausómetros y las teorías de la conspiración. De entre los primeros recuerdo especialmente el que se producía el 20 de mayo de 2009 frente a las puertas del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana. Declaraba Francisco Camps por la causa de los trajes de la trama Gürtel y, entre vítores y proclamas, entraba en sede judicial acompañado por la entonces alcaldesa, Rita Barberá. No ha sido el único caso. Ni mucho menos. Hace pocos meses veíamos a todo el PP puesto en pie aplaudiendo a una Cristina Cifuentes que todo el mundo sabía que tenía ya un pie en el precipicio.

El otro aspecto que antes me divertía bastante y ahora me hastía hasta el aburrimiento máximo son las teorías de la conspiración. Exceptuando en las series televisivas donde las encuentro muy originales y creativas, no suelo darles crédito y además siempre aplico una máxima: la realidad siempre es mucho más sencilla de lo que a veces queremos vender, interpretar o transmitir. Díganme ingenua, inocente e incluso díganmelo con superioridad moral -como suelen decir estas cosas los adalides de las teorías de la conspiración- pero continuo pensando que la realidad, la mayoría de la veces, es la que es, simple y llana, y no otra cosa.

Por ello, no salgo de mi asombro todos estos días al escuchar las reacciones de algunos cargos públicos tras la detención del expresidente de la Diputación, Jorge Rodríguez, tres asesores y los gerentes de Divalterra por presunta malversación de fondos públicos y prevaricación. Yo, lo admito, no tengo la formación ni la información suficiente para hablar a la ligera sobre sobre la proporcionalidad policial en las actuaciones de casos de corrupción de políticos. No sé si 10 son pocos agentes y 20 una barbaridad. Nunca opiné sobre esto cuando eran los populares quieres eran detenidos en las múltiples operaciones policiales que han asolado esta C. Valenciana en los últimos años ni tampoco lo voy a hacer ahora cuando son del PSPV y Compromís. Lo que sí sé es que la operación se ha realizado porque hay indicios de delito en una empresa pública, porque si no hubiera habido nada, nada habría sucedido. Y hasta donde yo sé, a todos los encausados en la Operación Alquería se les atribuyen ambos delitos. Y como no me creo que el juez también forme parte de la trama conspiranoide junto a policias que desvelan consignas para acelerar las detenciones prefiero pensar que simplemente hay unos cargos públicos que han realizado su labor de manera errónea -conscientemente o no- y ahora deben dar cuentas de ello. Les guste también o no. ¿ O es que acaso estamos hablando de dos tipos de corrupción: una la que se escribe con mayúsculas que afecta a los otros y otra más en estilo ´corrupcioncilla´ que es la que me afecta a mi? ¿O es por el montante total? Entonces la causa de los trajes no era nada....

Lo que no puede ser es aplaudir a la justicia cuando esta pasaba factura a los desmanes del PPCV y no contar cuantos agentes participaban en el operativo y convertirla ahora en otra justicia «que golpea nuestros corazones» cuando a quien llama a capítulo es a «un dels nostres». Este comportamiento, en mi ingenua opinión, es uno de los principales motivos de descréditos de los políticos y sus partidos ante la sociedad. Este, y ver como un dirigente público -aquí la falta de transparencia se ha contagiado a partidos de derecha e izquierda- se escuda en el secreto de sumario para no responder a las preguntas de los periodistas. ¿La pregunta sobre si iba a dejar la alcaldía o no también afectaba al secreto de sumario? Lo dudo.

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