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Llegan los niños

Si yo tuviera carné del PP, dios no lo permita, votaría por Soraya Sáenz de Santamaría, que parece tener algo en la cabeza. Sin embargo, asisto con curiosidad al contenido éxito mediático de Pablo Casado en las primarias, en cuyo fondo y forma veo otro cansino avatar o cromo repetido de Emmanuel Macron, creía que con Albert Rivera ya íbamos servidos. Macron es todo lo que se nos ha ocurrido para hacer frente a la tormenta parda que, con los refugiados como excusa, une a los liguistas italianos con el chocolate vienés de la supremacía racial y las infectas flechas negras de Hungría. Media Europa duda de la libertad y en la duda, que es muy desasosegante, quema campamentos gitanos.

Sale Pablo Casado en la Sexta y aconseja y consuela a Irene Montero y Pablo Iglesias a pie de incubadora, presume de ser el único comunicante fluido con el ectoplasma de las Azores o Cebolleta de Quintanilla que viene callando, sin parar de hablar, lo que llevamos de siglo y los últimos años del anterior. Casado aún habla más, habla de esto y aquello con tal desenvoltura que sorprendo a mi propia jeta en una sonrisa de complacencia y sé que lo que me pasa a mi, les ha pasado media hora antes a las señoras de la peluquería: el yerno perfecto.

Menos mal que la izquierda posible se ha alzado con la victoria en las elecciones generales y presidenciales de México donde López Obrador ha podido resarcirse del robo electoral sufrido en 1988 cuando ganaba, se fue la luz del centro de escrutinio y cuando volvió, ganaban otros. Tenemos el derecho de acordarnos del tamayazo, curiosa victoria electoral en dos fases de Esperanza Aguirre para el gobierno de Madrid, mediante una derrota previa y un arreglo posterior con dos tránsfugas muy necesitados de cariño (y efectivo). Entonces el Constitucional no salió en defensa de la legalidad, no eran catalanes. Dice Casado que hay que mirar al frente y no ponerse a exhumar a Franco y otros ilustres cadáveres. Yo creo que hay que levantar la losa y comprobar que al enterrar al abuelito no enterramos también al niño.

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