10 de julio de 2018
10.07.2018

Quince días de la «operación Alquería»

09.07.2018 | 23:07

Hace casi quince días desde que la Operación Alquería activó y ríos de tinta han sido vertidos sobre este asunto. Algunos de ellos con información muy variopinta, sesgada, interesada, falsa, razonable... en fin, calificativos para todos los gustos y colores. Aunque lo único cierto es que está bajo secreto de sumario.

Cierto es también que el PSPV-PSOE ha actuado con una celeridad y una contundencia que pocas veces se ha visto en la historia reciente de nuestra democracia. El expresidente de la diputación, en un gesto de honradez y sentido de responsabilidad, dejó su cargo apenas pasados unos días. No hay que perjudicar ni el trabajo que el PSPV ha hecho estos tres años para limpiar la imagen de la corrupción en nuestra comunidad, heredada del PP, ni tampoco la imagen del Gobierno de España.

Cierto ha sido también que algún momento de tensión se ha vivido dentro del PSPV. Algunos, por las informaciones aparecidas en prensa, no veíamos claro el impresionante despliegue de medios policiales utilizados para la ocasión. Nos parecía que una operación bajo secreto de sumario merecía, para los afectados, la consideración de la presunción de inocencia, al menos hasta tener más datos. Y visto el panorama se pedía calma y apoyo para los compañeros que estaban siendo investigados. Todo razonable y nada del otro mundo.

Pero quizá algunos han querido ver algo más. Jorge Rodríguez y su equipo centraron sus esfuerzos en mejorar la gestión de una empresa, Divalterra, al servicio de los valencianos. Puede haber habido errores administrativos, la justicia lo determinará, pero de ahí a contar «ells millions de peles» como decían anteriores presidentes de la diputación, hay mucha tierra de por medio.

Quienes han querido ver algo más, han utilizado la situación para enturbiar la imagen del PSPV y la de sus dirigentes. Aprovechando el momento, a ver si era posible meter el dedo en el ojo, de manera falsa e interesada. Yo fui uno de los que pidieron más información para saber qué pasos se iban dando, y poder responder a las preguntas que algunos compañeros me hacían, pero jamás puse en duda el liderazgo de nadie, ni los reglamentos y normas que rigen nuestra organización.

Cuando el secretario general Ximo Puig propuso la sustitución del presidente de la diputación por el vicepresidente, Mercedes Caballero, secretaria general de la provincia, recordó que esa era una de sus competencias; nadie lo cuestiona porque es cierto. Pero también es cierto que la secretaria general de la provincia y Puig coincidían en las personas que deben quedar al frente de la diputación. Buscar batallas interesadas y faltar a la verdad hablando de «rebelión interna», es, cuando menos, mentir.

En ningún momento se cuestionó ni el liderazgo, ni la autoridad, ni la coordinación, ni el trabajo que se hace desde las distintas estructuras internas del PSPV para resolver situaciones de extrema dificultad como esta. La sociedad en general ha podido comprobar que para un socialista lo importante son los proyectos generales y no los personales, que apartarse de un cargo publico por una supuesta irregularidad sin demostrar, significa dignidad y honradez. Que los dirigentes de nuestro partido tienen legitimidad, apoyo y sentido del bien común. Y que nuestros estatutos y reglamentos se cumplen.

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