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Pateras y brújulas

A izquierda y derecha hay asuntos dogmáticos que no pueden ni plantearse. Le pasó a Jorge Verstrynge que propuso ciertas restricciones a la inmigración -una propuesta discutible, pero no indecente- y le negaron su publicación en eldiario.es. Fue acogido en el blog de Fernando Sánchez-Dragó. Ahora les toca a Manuel Moreneo y Julio Anguita recibir palo y censuras por persistir en esa línea ¿Así que hay que ordenar la inmigración? Pues, obviamente, sí. Decía Chesterton, un reaccionario lúcido, que le sorprendía la capacidad de cierta izquierda para sentir simpatía y solidaridad por personas que no han visto en su vida. Más aún, algunos se expresan como si estuvieran determinados a acoger, por ellos mismos, a una docena de negritos en su salón comedor.

Hay temas que, en efecto, no tienen discusión. Salvar a quien se está ahogando no es sólo un deber moral: no hacerlo es un delito. Atender médicamente a quien sufre desnutrición, agotamiento, hipotermia y otros males, es un imperativo de humanidad. Pero el Estado tiene unos recursos y no más: puede acoger refugiados (muchos más de los que admitió Mariano Rajoy), pero no exponerse a abrir las puertas a todos los inmigrantes (nos vendría bien un cierto flujo para compensar la baja natalidad).

Escribir estas cosas me produce sonrojo: no porque me avergüencen, sino por evidentes. Que partidos parafascistas o fascistas del todo usen a los inmigrantes como objeto de sus odios y excusa para recocerse en algún caldo identitario, no convierte en impresentables a quienes sabemos que, tarde o temprano, habrá que afrontar el problema del modo que permitan nuestros recursos. El orden no es una idea conservadora, es una idea: necesaria.

A Angela Merkel la dejaron sola en su generosa política de acogida a los refugiados de varias guerras. Italia y Grecia aguantaron durante años oleadas de pateras, las mismas que soportamos nosotros ahora, sin que el resto de Europa admitiera que tenemos un problema continental y no sólo mediterráneo. La excelencia moral no es objetivo del Estado.

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