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Matías Vallés

Insignificante es el sitio donde estamos

La pregunta crucial continúa siendo qué actitud adoptar ante el entorno. El ambiente limita, pero es necesario encajar, combatir la desolación al respecto de Bob Dylan en Just like a woman. La respuesta se encuentra en Guerra y paz, aunque no recuerdo en cuál de las dos. Pierre pasea a caballo por el campo de batalla durante la invasión napoleónica de Rusia, pero mejor atendemos a Tolstoi. "No pensó siquiera que semejante sitio era el lugar más importante de la batalla; le pareció al contrario (precisamente porque se encontraba allí) que era uno de los lugares más insignificantes". El mito mundial de Ibiza solo conoce una excepción, los ibicencos.

Como tantas veces, la sección fundamental se refugia en las anotaciones a pie de página o entre paréntesis. El protagonista de Tolstoi queda cancelado por su proximidad, cuando la ortodoxia impone la presencia para emitir un juicio válido. Cuántos lugares nos hubieran parecido impresionantes, si no hubiéramos tenido la desgracia de estar "precisamente allí".

Los testigos están sobrevalorados. La rapacidad asesina del rey belga Leopoldo II en el Congo fue desmontada por un periodista inglés que jamás pisó África. Depuró los datos viciados de quienes estaban "precisamente allí". Por supuesto, la distancia física no debe equipararse al distanciamiento emocional. La primera línea anula a menudo la capacidad de contemplación y desvirtúa el acontecimiento.

Tolstoi regó sus obras completas de la insatisfacción que sentía al creerse demasiado sabio en relación a su planeta. Su sordera para apreciar el hueco que hemos normalizado enlaza con el tópico de que nadie es profeta en su tierra, ni un genio para su mayordomo. Mucho antes de la agregación impuesta por internet, un ser humano solo es insustituible si reúne a su alrededor al público anónimo suficiente, un criterio sin vínculo con la inteligencia según demuestra Paris Hilton.

Las geniales Guerra y paz actualizan a San Agustín en "cuando me analizo, me deprimo; cuando me comparo, me ensalzo". El problema de esta disparidad de criterios consistiría en que afectara a todos los humanos, y no solo a los ensalzados genios de Rusia y de Hipona. Por lo menos, la insignificancia del sitio donde estamos dinamita la mística del viaje, con el vigor del Voltaire errante en "para mí, el paraíso terrenal se halla donde me encuentro". Este tipo se nos anticipó en casi todo.

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