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Tecnología y voluntad

Hay que decirlo: el motor de explosión interna es bastante bestia, lo sé porque los desentrañé de niño: desmontaba los que dejó mi padre y que seguían en el taller porque ya no eran aptos para la venta. Crear trabajo a partir de un estallido de hidrocarburo en un confinamiento metálico. Con lo silencioso, sencillo y eficiente que era el motor eléctrico. Lo sigue siendo, por si a alguien se le ha olvidado, esas cosas no se deben olvidar.

La clave de nuestro sistema de transporte no es el coche particular, habitualmente subutilizado, sino quemar gasolina. El negocio no está en vender coches, sino en hacerlos circular: repuestos, neumáticos, combustibles, multas, pozos de petróleo, impuestos, refinerías, armas para Arabia Saudí, nuestros amigos moderados que carnean a los opositores y los disuelven en ácido. Para eso están los consulados. Todo son gastos. Y ganancias.

Y gracias a una tecnología que ya estaba obsoleta el siglo pasado por más afeites, direcciones asistidas, navegadores, gadgets y softwares que se añadan para disimularlo.

Ha bastado que el gobierno fije una fecha, más que lejana, para abandonar tan ruidoso, guarro e ineficiente sistema de locomoción, para que veamos a fabricantes y empleados de la industria arrastrar sus lamentos como criaturas del Halloween.

Tranquilos, ningún gobierno del mundo se ha enemistado hasta ahora con la industria del automóvil, de modo que si bajan las ventas nos subvencionan el coche y nos quitan impuestos. Eso no lo hacen ni por el pan y los garbanzos. Y Pedro Sánchez no tiene cara de querer perder votos. Que la transición sea tranquila, gradual y cuidadosa, pero que se haga. Y cuanto antes. Llevamos mucho retraso y dos siglos de dibujar los cielos al carboncillo. En Noruega ya tienen un tercio de coches eléctricos y no parece que el país se haya hundido en un abismo de desorden y ruina.

De momento Endesa anuncia que cierra dos centrales de carbón, la tecnología del brasero de Pío Baroja. Solo la tecnología puede resolver los desajustes creados por ella. Si no falla la voluntad.

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