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La campaña de la marmota

Vivo atrapado en los anuncios de la lotería de Navidad. Me despierto a las seis de la mañana y es noviembre. Es el día en el que se va a estrenar el nuevo anuncio. Todo el mundo se encuentra intrigado por su contenido. Pero yo ya lo sé. Al principio me interesaba, como a los demás. Los anuncios me gustaban más o menos, habitualmente menos, pero no tenía la sensación de vivir en un bucle. Calvos que soplaban, Raphael y Montserrat Caballé cantando, la diosa Fortuna hacía de las suyas. Pero algo raro me pasó hace unos años, y desde entonces vivo atrapado en la misma campaña. La campaña de la marmota. En el mismo spot. Me ha vuelto a pasar.

Una y otra vez el mismo anuncio. Idéntico. Una breve película de cinco minutos. Una pobre persona a la que la vida le va mal. Vive en un entorno de buena gente sensible, encantadora. Ella en el fondo es buena, pero atraviesa un mal momento. Entonces sucede algo mágico, algo que tiene siempre que ver con que inesperadamente alguien regala lotería a otra persona como un gesto de amor. Y todo cambia. Ancianas, parados, extraterrestres, trabajadores nocturnos, gente solitaria. La lotería es una forma de juego de azar cuya principal motivación es la codicia y la incapacidad humana para estimar adecuadamente probabilidades extremadamente bajas. Pero en la campaña de la marmota la lotería es siempre una ceremonia de magia y amor.

Un tipo gris y algo amargado -el del anuncio- vive una y otra vez el mismo día en el que le toca el gordo. Otro tipo gris y algo amargado -yo- vive una y otra vez el mismo anuncio de la lotería. Como le pasaba a Bill Murray en el día de la marmota original, el primer tipo consigue romper su bucle melancólico mediante un acto de generosidad. A lo mejor ésa es también mi solución. A lo mejor si€ por ejemplo€ llevo a un montón de perretes huérfanos al encendido de la iluminación navideña de mi ciudad, romperé también mi maldición y el anuncio del próximo año será por fin diferente. Puff, no sé€ a ver si me voy a encontrar con Dani Rovira. Creo que casi prefiero quedarme a vivir eternamente la campaña de la marmota.

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