27 de noviembre de 2018
27.11.2018

El dilema de empoderar o consentir la precariedad

27.11.2018 | 20:19
El dilema de empoderar o consentir la precariedad

Hace ya más de un cuarto de siglo que en la Fundación Novaterra, como en otras entidades de la sociedad civil valenciana, trabajamos para la inclusión social de personas que «lo tienen más difícil». Y lo hacemos cada día con la inserción laboral como palanca aunque, a menudo, nos asalta la zozobra de pensar que, acaso con nuestra mejor voluntad, puede que estemos haciendo pura contención social. O poniendo paños calientes al contribuir, aún sin querer, a la continuidad de un sistema que debiéramos desestabilizar en muchos ámbitos y sectores en los que imperan tantas injusticias realmente sangrantes ante las que no podemos, ni debemos, ni queremos callar.
Cuando las personas llegan a nuestra fundación no están en condiciones de trabajar. Por eso, mediante un trayecto que llamamos «Viaje a la Dignidad» jalonado de actuaciones, esas personas se forman, recuperan su autoestima y llegan a sentirse capaces de trabajar, encontrar un empleo y permanecer en él. Pero ¿qué viaje a la dignidad realiza una mujer que, tras su paso por Novaterra ingresa en una empresa que tiene la contrata de un hotel, o de una cadena hotelera, para la limpieza de las habitaciones? ¿O la que llega a ese trabajo a través de una Empresa de Trabajo Temporal (ETT)?

Puede que, hace pocas semanas, quienquiera que lea esto haya pernoctado en una de esas habitaciones que, cada mañana, entran a limpiar y ordenar unas mujeres. Son «las camareras de piso», y no camareros, porque parece que ellas son más eficaces y más baratas. Es posible, incluso, que nos hayamos parado a observar su ritmo de trabajo aunque, probablemente, no conozcamos las condiciones de ese empleo. Representan un tercio de la nómina del hotel aunque, en muchos casos, ya ni siquiera pertenecen a su plantilla porque el establecimiento subcontrató el servicio de limpieza de modo que le sale más barato y, como la subcontrata también tiene que ganar, ya sabemos quién paga el beneficio de ambos. La empleada de limpieza, por tanto, ya no está en el convenio de hostelería sino en el de limpieza.

Con ritmos de trabajo trepidantes, porque hay hoteles en los que estas mujeres cobran 1'5€ por habitación. Así que, para ganar 50€, una mujer tiene que hacer ¡33 habitaciones en una mañana! Desde Novaterra solemos pensar que lo importante es que entren en «la rueda», que empiecen a trabajar, que encuentren un empleo, el que sea, y que luego intenten pelear por unas condiciones laborales justas. Les puedo asegurar que, últimamente, ya no nos tranquiliza la conciencia estas ideas. ¿Cómo, en pleno siglo XXI, hemos podido retroceder tanto? Formamos y entrenamos a una persona para responder de su cualificación ante el empleador, para que posteriormente sea víctima de contratas o de un empresariado sin escrúpulos que abusará de su necesidad. ¿Qué hacer, entonces?

Como estamos seguros de que esto no se da en todos los establecimientos hoteleros, sería una buena noticia que este sector ayudara a desterrar estas prácticas. Y que se iniciara una campaña para visibilizar sus buenos hábitos, haciendo así honor a su profesionalidad y honestidad, al mantener en su plantilla a estas trabajadoras. Con ese ejemplo se enviaría un positivo mensaje a la sociedad, que uniría a otros colectivos, para que terminaran siempre con estos comportamientos abusivos. Les aseguro que, desde Novaterra, estaríamos encantados en colaborar en esta campaña.

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