Apunto de celebrar el cuarenta aniversario de la Constitución, lo hacemos desde la tristeza al ver las circunstancias políticas y sociales con las que nos aproximamos a esa fecha. Fundamentalmente, por dos razones: la cuestión soberanista, que ha devenido en una crisis sobre el modelo territorial del Estado, logrando poner el foco en el debate identitario, apartando importantes problemas sociales y económicos de la agenda política, y, los ataques a la libertad de expresión llevados a cabo por grupos de ultraderecha que, lamentablemente, cada vez tienen un mayor protagonismo político y social. Así, tras cuatro décadas de democracia, vamos hacia un aniversario con más motivos para la reflexión que para su celebración.

Qué lejos parecen quedar aquellos años de principio de los 80 cuando la cultura underground que se forjó durante la recta final de la dictadura, implosionaba a través de La Movida madrileña. Una época caracterizada por la rebeldía cultural que, a través de la música, las míticas salas de fiestas, las revistas o los cómics, fue capaz de generar una creatividad asombrosa, difícil de superar. Medios de expresión desde los cuales, una generación de jóvenes que contrastaba brutalmente con el modelo social tradicional del franquismo, canalizaba la libertad en un sentido amplio. Y no pasaba nada. Seguramente, porque aquella democracia incipiente, nuestra democracia, estaba integrada por una sociedad y una clase política que ansiaban un país libre, moderno y tolerante.

Junto a ello, emergía un icono político en la figura de Enrique Tierno Galván. Un alcalde, que no solo supo entender La Movida, sino que fue capaz de conectar con aquella transgresión cultural, con toda una generación de jóvenes que gritaba libertad. Un político increíble del que emanaba una originalidad única, hasta para dictar los Bandos, que dejó su peculiar impronta en un momento clave en la consolidación de la democracia.

Nada que ver con el contexto actual. De hecho, es fácil imaginar las dificultades que tendría una figura como la de Tierno Galván para sobrevivir en un entorno caracterizado por el peligroso cóctel que se forma entre el auge de la extrema derecha y la simplicidad de las redes sociales. Una decadencia que hace que vivamos en una espiral de regresión política y social, haciéndonos retroceder respecto de aquellas conquistas que sirvieron para anclar los valores de la democracia.

Así, en los últimos tiempos hemos visto desfilar por los tribunales de justicia a tuiteros como Cassandra Vera o César Strawberry, el rapero Valtònyc, el lío en Madrid con el espectáculo de los titiriteros y recientemente el humorista Dani Mateo con la bandera de España. Ello, sin dejar de mencionar la fuerte intimidación llevada a cabo por grupos de la extrema derecha hace unos días en València, para evitar que se celebrara el espectáculo 'Mongolia sobre hielo'. Algo que ya pasó recientemente con Dani Mateo, quien tuvo que suspender una actuación como consecuencia de las amenazas; en el caso de Mongolia, finalmente se pudo celebrar gracias a un fuerte dispositivo policial. Algo falla en una democracia en la que necesitamos escolta policial para poder entrar en un teatro a ver un espectáculo de humor.