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Maite Mercado

Cuestión de contraste

Para celebrar los 40 de la Constitución nada mejor que verse de un tirón «Arde Madrid». Es una fantástica manera de asomarse a los años del rancio franquismo de la sección femenina porque la acción gira en torno a las mujeres de la serie: la compleja Ana Mari (Inma Cuesta), la sensual Pilar (Ana Castillo), la dramática Lucero (Miren Ibarguren) y, cómo no, la fascinante Ava Gardner (Debi Mazar).

En la ficción creada por Paco León y Anna R. Costa, basada en los libros que recogían los años pasados por la actriz en nuestro país y su cacareada afición a los toros y a los toreros, los protagonistas son los que trabajan para ella mostrando el contraste entre la represión del momento y la vida de la norteamericana, para quien «la castración de los deseos, del amor, del sexo, de la alegría, es una indecencia». Ella es una mujer libre, que podía serlo incluso aquí por millonaria y extranjera, porque Franco no estaba en Estados Unidos mientras presidía la alcoba de la mayoría de españoles con atenta mirada. No de todos porque la libertad también es una cuestión de clase. Es difícil ser libre sin apenas saber leer, como Pilar, la sirvienta embarazada.

El personaje central, Ana Mari, no es quien dice ser, como en las buenas intrigas de espías, con el robo de un collar de hilo conductor mientras lo importante es la relación incipiente entre ella y Manolo (Paco León), encadenados por una mentira, en medio de la miseria moral de aquellos años retratados con toques de neorrealismo en las escenas de exteriores, en los paseos en moto y en los tragos en el bar. El blanco y negro como opción estética e ideológica porque no cabe otra para mostrar una prueba de la rana de la época.

«Arde Madrid» se devora en ocho capítulos de media hora. Es ágil, brillante por momentos y siempre ácida. Deslumbrante es el capítulo cuatro con el bautizo de Antonio Flores, la explosión de Ana Mari y el terror de Pilar. Divertidos los Perón, esos vecinos de abajo que no pueden dormir con tanta fiesta en su gran casa casposa, tan distinta a la de la actriz. Los intérpretes, geniales. Inma Cuesta bajo las órdenes de Carmen Machi, confiesa su pecado a su tía Rosario (Julieta Serrano):

- Me he convertido en una cualquiera dándole al fornicio.

- Solo tienes que conseguir que se case contigo. Hay que dejarse querer. Una mujer sin hombre está incompleta. Además, eres coja y se te está pasando el arroz.

Pero Ana Mari no lo ve tan claro. Seguiremos con ella en la segunda temporada.

Ava Gardner adoraba España porque se parecía a ella, dijo una vez. «Es violenta, rural, caprichosa€». A pesar del más de medio siglo transcurrido, algunos parecen echar de menos aquellas estrecheces.

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