02 de enero de 2019
02.01.2019

La verdad, ante todo

Sobre la obra del teólogo calvinista Karl Barth y el católico Romano Guardini

02.01.2019 | 17:18

Las rememoraciones, en este 2018, de lo acaecido hace cincuenta años, en el emblemático 1968, culminan, en el mes de diciembre, con la de la muerte del teólogo y pastor de tradición calvinista Karl Barth. Nació, en 1886, en Basilea, y fue profesor en las universidades de Gotinga, Münster, Bonn y, finalmente, en la de su helvética ciudad natal. Realizó una obra tan extensa e importante de índole sistemática, que hay quien lo tiene por "el Santo Tomás de la teología protestante". Su comentario a la Carta a los Romanos, publicado en 1919, y revisado posteriormente, fue el punto de inflexión en el que la teología del siglo XX viró completamente desde la del XIX.


En suelo alemán también, floreció el sacerdote católico Romano Guardini, al que alguien calificó de "Padre de la Iglesia del siglo XX". Nació, en 1885, en Verona, y fue profesor en las universidades de Bonn, Berlín, Tubinga y Múnich. Falleció en octubre de 1968. Hace, pues, cincuenta años. En el contexto de la efeméride, el cardenal Reinhard Marx ha incoado el proceso para su canonización.


A causa del altísimo nivel y extensa irradiación de su pensamiento, especialmente entre los jóvenes, a Guardini se lo consideró "praeceptor Germaniae". En él hallaron una veta, una base y un impulso, para desarrollar el suyo propio, Karl Rahner, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger, entre otros. Y recuérdese que el jesuita Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, pasó unos meses en Frankfurt, a mediados de los años ochenta, para elaborar un proyecto de tesis doctoral sobre Guardini, que no llegó a concluir, pero del que se pueden apreciar trazos en la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium".


Romano Guardini y Karl Barth proceden de una misma cantera, el cristianismo; sin embargo, han brillado en laderas distintas: la del catolicismo y la de la reforma. ¿Cuáles son los rasgos comunes que atestiguan su única procedencia? ¿Al servicio de qué ideas, realidades y circunstancias estimaron que debían poner su enorme vigor intelectual? Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, y sus terribles consecuencias, ambos sufrieron una decepción indescriptible respecto a las ilusiones que, en su optimismo ilustrado y romántico, habían depositado en el progreso de la humanidad, que aparentaba ser sumamente veloz e imparable.


Escépticos ante cualquier propuesta de avance o mejora proveniente de las ideologías o de los sistemas de organización social, dirigieron sus pensamientos hacia la persona, real, particular, concreta, en la que, además, se concentra y expresa lo universal ("universale concretissimum"). Trataron de entenderla en sí y por sí misma; también en su complejidad y sus contrastes, pero con un método que no consentía mistificaciones. La verdad, ante todo. Y ambos se encontraron con que el misterio de la persona, en su nuda existencia, recibe luz, dignidad, grandeza y futuro sólo de Dios, de su palabra, su revelación y su amor. El tú dialogal del hombre halla un interlocutor en Dios, que, aun siendo inasible e inefable, se dirige al hombre con el correspondiente tú.


Romano Guardini y Karl Barth poseían una extraordinaria preparación filológica, literaria, filosófica y teológica. No aventuraban opiniones sin cotejarlas con las fuentes del pensamiento precedentes. Y lo hacían así porque, al igual que todos los grandes del intelecto, entendían que esa era la manera de servir, con voluntad de no serle desleales jamás, a la verdad, hacia la que indefectiblemente tendían, la que denodadamente buscaron, por la que soportaron padecimientos en silencio y a la que fructíferamente nos acercaron.

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