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Risk venezolano

Más allá de cómo termine el conflicto de legitimidades planteado en Venezuela desde el pasado 23 de enero (cuando el presidente de la Asamblea Nacional y líder opositor, Juan Guaidó, se autoproclamó presidente frente al vencedor de las últimas y cuestionadas elecciones presidenciales de mayo, el chavista Ricardo Maduro), el desenlace dará pistas sobre las potencias del momento, como si viéramos un movimiento de piezas del Risk, el legendario juego estratégico.

En primer lugar, permitirá ver hasta qué punto pesa en el mundo la influencia de EE UU, un país en claro repliegue interno (tras las desgastantes incursiones en Afganistán e Irak), con un presidente marcadamente aislacionista (Donald Trump), pero que ha apostado de manera decidida por la oposición chavista para provocar la caída del régimen bolivariano, instalado en Venezuela desde hace más de 20 años.

En el lado opuesto, aparece la Rusia de Vladimir Putin, un actor que en los últimos años ha conseguido incrementar su poder fáctico (véase la anexión de Crimea o su papel decisivo en Siria, a la hora de mantener a su aliado Bachar el Assad), y que ha salido en defensa de Maduro. En un segundo plano, la potencia mundial emergente, China (que, no obstante, se ha mostrado más fría con el régimen venezolano desde el fallecimiento de Hugo Chávez).

Finalmente, nos encontramos con la Unión Europea, incapaz de hablar con una sola voz (salvo, por ahora, en el espinoso "Brexit") y que ha ido a remolque de la presión ejercida por Estado Unifdos, aunque de manera progresiva se ha ido decantando hacia la posición de Guaidó. En casi todos los implicados está el interés por las reservas petrolíferas venezolanas y, sobre todo, en ver si el unipolarismo norteamericano, instaurado hace 30 años, acentúa o no su declive.

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