02 de marzo de 2019
02.03.2019

Difusa burguesía

02.03.2019 | 20:31
Difusa burguesía

«Sovint, caus en la mateixa/
incoherència de sempre./
Aigua passada, diuen/
que s'en diu.». Marc Granell, 1979

d udas: ¿Existe burguesía valenciana? ¿Hay una o varias burguesías? ¿Quiénes son los nuevos burgueses? ¿Salvador Navarro, José Vicente Morata, Vicente Lafuente, Vicente Boluda o Juan Roig? Hubo relevo en las entidades económico-empresariales. Gestado desde la Asociación Valenciana de Empresarios—más grupo de presión que club-- que culminó con la dimisión forzada del fundador de la CEV, Vicente Iborra Martínez (1985) por el caso SAVE. En 1989 la Cumbre de Orihuela marcó el punto de inflexión para refundar el movimiento empresarial como proyecto autonómico integrador, democrático y armónico.

Pluralidad. La burguesía valenciana se extravió al identificarse con un partido político, de la mano del expresidente de CEV-Cierval, Pedro Agramunt. Se transformó en presidente del PP en la CV hasta que lo desbancó Zaplana (2004). El componedor fue Luis Espinosa, secretario omnipresente de CEV-Cierval y AVE, proveniente del sindicato vertical franquista. La burguesía valenciana es peculiar por la unanimidad. Sin matices. Sin toque liberal. No hay pluralidad. En la CEV o en las Cámaras de Comercio no hace falta votar. Un solo candidato para cada puesto. En Barcelona cuatro aspirantes punteros para presidir la institución cameral y varias alternativas para el Pleno. En Catalunya 427 certámenes feriales. En Feria València, un horizonte sin despejar. ¿Quién representa a los grandes empresarios? ¿Quién a los pequeños: que son el 95%? ¿Quién manda? Los que tienen más dinero y pagan más. El presidente de CEV, Salvador Navarro es vicepresidente de CEOE;El vicepresidente de CEV, Vicente Lafuente, vicepresidente de CEPYME en Madrid. En la Comunitat Valenciana no existe una entidad equivalente que represente a las pequeñas y medianas empresas. Ahí está Unión Gremial en agonía centenaria . Da igual.

Subsidiarios. El error ha sido supeditar el devenir económico y de sus protagonistas, a las coordenadas del poder político. ¿Quién pierde más? Estamos planteando, con el resurgir de un concepto sociológico, de qué manera la burguesía ha de influir para evitar y corregir dos problemáticas que han deteriorado el panorama de la vida pública española: la corrupción y el procés secesionista en Catalunya. Y la tendencia centrífuga en Euskadi, asumida por la burguesía vasca de Neguri . Cuyos coletazos todavía se perciben en la crisis protagonizada por el expresidente del BBVA, Francisco González. Involucrado en el espionaje ilegal compartido con las cloacas del Estado (policía patriótica) que orquestó Jorge Fernández Díaz.

Burguesías. Con la catarsis del independentismo catalán se han publicado dos artículos lúcidos en La Vanguardia. Del catedrático de Economía, Antón Costas -Burguesías regionales desarmadas y Burguesías y el procés- de Manel Pérez. El análisis de Costas, expresidente del influyente Cercle d'Economia , es la confirmación de que la burguesía catalana no pudo disipar el fenómeno independentista, porque había sido desactivada, tras la hecatombe de CiU y su líder, Jordi Pujol. Del mismo modo ha ocurrido, con lo que denomina ·burguesías nacionales» ligadas a territorios autonómicos -incluido el valenciano-. Ha favorecido la recentralización en Madrid de la burguesía española. Objetivo político. La independencia es condición irrenunciable de la clase empresarial, núcleo duro de la burguesía. Estamento social que detenta las fuerzas del capital y de los medios de producción. Con capacidad para presionar en las decisiones políticas que van al Diario Oficial. Costas propugna «rearmar las élites empresariales y financieras regionales». Conviene tanto a la política autonómica "como a la de España en su conjunto".
Desaceleración. Antón Costas, confirma el error de la clase política, que le ha llevado a inmiscuirse en campos que no le competen ni conoce. En los que se ha posicionado guiada por su ansia de poder. La caída en la tentación política ha desembocado en la perplejidad. Fenómeno que ha aterrizado en el País Vasco con menor crispación. Ningún síntoma en el País Valenciano. Donde no cabe un nacionalismo resurgente, por la desaceleración económica que experimentan los ciudadanos, las comarcas y la administración autonómica. Víctimas de la infrafinanciación crónica y del déficit inversor del Estado. Hay un fracaso implícito. Estamos en la cola. En 2018 un 11'6 por debajo de la media de las Españas, en el PIB per cápita. Por delante sólo de Extremadura. Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia. La solución exige conseguir financiación justa y equitativa.

Estrategia. Perpetrar el derribo de las autonomías va contra la Constitución del 78. En Catalunya se desactivó la burguesía con la llegada al Gobierno español de José María Aznar en 1996. La presidencia de la patronal catalana –Foment—del empresario-político, Josep Sánchez Llibre, trata de revertir la situación. En el País Valenciano habría que restablecer el entramado social que conforman empresas y profesionales. En el Consell del Botànic, Ximo Puig, Mónica Oltra Rafael Climent y Vicent Soler, no han querido afrontar el problema. Han mirado hacia otra parte. La estrategia socioeconómica es ingrata. Pero necesaria.

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