09 de marzo de 2019
09.03.2019

El espíritu de Morella

09.03.2019 | 19:48
El espíritu de Morella

«Haviem de combregar amb còdols/
i amb nosaltres mateixos/
per les voreres de l'argila,/
entre barrons de pedra».
Emili Rodríguez-Bernabeu (Alacant,1940)

A delantar las elecciones es aventurado. El president, Ximo Puig, ha emulado las dotes de tahúr de su predecesor, Eduardo Zaplana, para jugárselo todo a una carta, con un as en la manga. La legislatura no ha sido una balsa de aceite. Ya en 2015 antes de formalizar el Pacte del Botànic hubo forcejeos entre Mónica Oltra (Compromís) y Ximo Puig (PSOE), para dirimir quien detentaba la presidencia. Los socialistas hicieron amago de coaligarse con Ciudadanos para gobernar. Desde entonces las fricciones han sido constantes pero con sordina.

Tensión. Se ve en la componenda de los maridajes, con cargos de ambos partidos en todas las consellerias, menos en las áreas de presidencia (Turismo) y vicepresidencia (Igualdad). Procedimiento ineficiente que rezuma desconfianza. El aliento en la nuca de Mónica Oltra que ha sentido Puig a lo largo de los últimos cuatro años, le ha llevado a desmarcarse. Susana Díaz en Andalucía se equivocó al adelantar los comicios. Ximo Puig necesita consolidar su carrera política. La oposición (partidos, empresarios, células eclesiales, entidades reaccionarias, indignados y ofendidos) no duerme y tiene sus acólitos.

Vacilar. Es difícil que los valencianos, con voluntad de serlo, perdonen a Ximo Puig, que les haya tomado a mofa, befa, chirigota y chufla. A mofa, por anticipar elecciones autonómicas, cuando no conviene a los intereses valencianos. A befa, porque el pretexto de que así se pone de manifiesto la singularidad valenciana, es inverosímil. A chirigota, si pretende que el adelanto equipara el País Valenciano al resto de autonomías históricas, por convocar elecciones por separado. No es un acto de valentía sino de sumisión. A chufla, pues no conviene al factor diferencial valenciano pegarse a rueda del PSOE de Pedro Sánchez. Para sacar ventaja al partido de obediencia valenciana –Compromís— y a Podemos.

Genuflexión. Lo peor: que se haya consultado a Ferraz una decisión tomada hace tiempo. No se engaña, ni se oculta ni se tensa a los valencianos. Denigrante el placet previo emitido por el ministro de Fomento, José Luís Ábalos. Su adversario interno en el partido, antes que Ximo Puig apoyara la candidatura de Susana Díaz, en las primarias del PSOE. Convocó anticipadamente y perdió la presidencia de la Junta de Andalucía. Con la irrupción de VOX y su líder, Santiago Abascal. Su precipitación mermó las posibilidades del PSOE en España. Favoreció a la trilateral reaccionaria – PP, Cs y VOX—para encaramarse al poder y acabó con la arrogancia de Susana Díaz. La dama andaluza que pretendió comandar el socialismo oficialista, para optar a la jefatura del Gobierno español, sintió el hierro de la derrota.

Valencianidad. La decisión y el escenario buscado de tensión a última hora, indican las incertidumbres en torno a una fecha pascuera, el 28 de abril, víspera de san Vicent, en la que, entre mona y caxirulo, los votantes se la juegan. Un doble torneo de progresistas versus conservadores, junto a las bazas entre valencianidad y centralismo. Un único partido de obediencia valenciana, el confiado Compromís, frente a partidos dependientes de sus centrales estatales: PSOE, PP, Cs, VOX, IU, Podemos. Mónica Oltra abandonó el Palau de la Generalitat, el 4 de marzo, afectada por el pulso que había perdido frente a Ximo Puig. A Susana Díaz siempre le fue bien coincidir con las generales. Hasta la última que adelantó, con unos resultados que han permitido a Pedro Sánchez arrumbar a la exlíder andaluza. Quien gana seguro con el adelanto electoral es José Luís Ábalos. Si triunfa Ximo Puig, se subirá al pescante del socialismo valenciano. Si fracasa el envite de su correligionario morellano, habrá acabado políticamente con él, para desembarcar con mando en plaza.

Confontración. Tenía que consumarse el divorcio entre el PSOE—oportunista-- y Compromís, ingénuo. Luchan por un electorado confluyente. Ximo Puig quiere volar solo o con más autonomía de gobierno. Posibilismo a tope. Ha apostado para ganar. Sin pretensiones altruistas. Es una jugada personal en interés propio. En sus filas también tiene disconformes y descolgados. ¿Hasta qué punto beneficiará a los intereses valencianos el fortalecimiento del espíritu de Morella? Se ha superado el de Cartagena (Zaplana), el de Motilla del Palancar (Olivas), el cristiano del incienso y palacio arzobispal (Camps) y el de Benicàssim (Fabra). Un dato: el adelantamiento ha gustado a todas las formaciones españolistas y ha contrariado sólo a quien actúa con perspectiva valenciana.
Otra incógnita vuela sobre los grandes temas pendientes para que la autonomía sea posible. Si Ximo Puig lo resuelve (infrafinanciación, deuda, inversión del Estado, modelo económico, paro, productividad, agravios comparativos) desde su posición subsidiaria, los valencianos podrán dormir tranquilos. Los empresarios de Salvador Navarro, propensos a pisar charcos, quieren adelantar elecciones para reafirmarr poder con Ximo Puig. ¿Precipitación o imprudencia?

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