12 de marzo de 2019
12.03.2019

Un año más

12.03.2019 | 20:38
Un año más

Como todos los años las calles de València se convierten durante las fiestas de Fallas en lo más parecido a un basurero que, por mucho que se afenen en tratar de eliminar los operarios de la contrata municipal responsable de la limpieza de Valéncia, parece instalarse de manera irremediable.

Da igual las campañas que desde la Generalitat o el ayuntamiento se llevan a cabo todos los años con el fin de conseguir que los habitantes de València y los venidos de fuera se conciencen de la necesidad de evitar tirar a la vía pública los desperdicios que generan un día de fiesta y diversión. Cuando en estas fechas salgo pronto de casa para ir a trabajar o para practicar deporte encuentro en mi barrio, el de Ruzafa, auténticas dificultades para evitar pisar cristales rotos, vomitonas o restos de comida que literalmente convierten las calles en una alfombra de desperdicios. Se podría pensar que los contenedores no dan abasto y que por eso -ya sé que es una idea sin sentido- los usuarios de las Fallas desciden tirar todo al suelo. No es cierto. La mayoría de las papeleras y contenedores nunca se llenan del todo. Los casales que se adueñan de las calles de nuestra ciudad se convierten, a las pocas horas de su instalación, en un merendero cercado al aire libre donde se cocinan paellas en unas condiciones higiénicas lamentables y en lugar idóneo para tirar la basura al suelo evitando así tener que levantarse de la mesa.

Digo esto porque de un tiempo a esta parte se echa la culpa de todo lo malo que ocurre en València a dos grupos de personas. En primer lugar a los inmigrantes que, al parecer, tienen un concepto de la limpieza distinto del de los españoles que, por supuesto, es mucho más acentuado. Basta dar un paseo por València para observar la tendencia de sus habitantes a tirar al suelo cualquier cosa que les molesta mientras conducen o caminan y no son precisamente inmigrantes los que lo hacen. El segundo grupo responsable es el de los usuarios de pisos turísticos a los que se ha querido colgar el sambenito de poco menos que borrachos fiesteros que vienen a España a hacer lo que en sus países de origen no puedes cuando, en puridad, la realidad indica que la casi totalidad de ellos son viajeros experimentados y respetuosos que pasan desapercibidos gracias a su saber estar.

Así que dejémoslo claro para que no haya ninguna duda. Los responsables de la suciedad de València durante las Fallas no son aquellos que provenientes de ciudades españoles representan la mayoría de los visitantes que llegan en estos días. Tampoco los habitantes de València ni, por supuesto, los falleros que hacen lo que les viene en gana en la calle que ocupan. Los culpables son los inmigrantes y los pisos turísticos. Que no haya ninguna duda sobre ello. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

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