22 de marzo de 2019
22.03.2019
El lápiz de la luna

La fidelidad de dentro hacia fuera

22.03.2019 | 21:32
La fidelidad de dentro hacia fuera

Es bien sabido que el mundo está cambiando a una velocidad para la que quizá las personas no estén preparadas. En menos de una década se han instalado en nuestras vidas las redes sociales y las aplicaciones de contactos con la fuerza de un huracán. Han arrasado con nuestra zona de confort para repoblarla de una nueva forma de entender el mundo que nos rodea. Hay quienes se mantienen firmes ante esta intromisión y se niegan a abandonar su anterior forma de existencia. Pero, muy a su pesar, la fuerza de las mayorías y la necesidad de pertenecer a un grupo, como explica Tajfel en su Teoría de la Categorización Grupal, hacen que nos rindamos a la evidencia.

Esta revolución tecnológica tiene, como todo, seguidores y detractores. Los seguidores son aquellos que obtienen continuos beneficios de las redes, como pueden ser los influencers; y, por otro lado, los detractores son esos que han sufrido las consecuencias más negras de este tipo de aplicaciones, a las que tildan de la antesala de la infidelidad. Cuando llegamos a este mundo, a través de la teoría que cada cual considere acertada, partiendo de la costilla de Adán o de la evolución de los primates, crecemos en un entorno del que vamos mamando ciertos valores que no nos cuestionamos hasta que nuestras pulsiones y el sentimiento de culpa (herencia de la Iglesia católica) se ven enfrentados. El que se identifique con la teoría del mono argumentará que la fidelidad es un sentimiento que va contra natura porque el sexo es una cuestión instintiva, los que viene a ser el «aquí te pillo, aquí te mato». Aquellos que defiendan que somos hijos de Dios y que estamos hechos a su imagen y semejanza considerarán la fidelidad como «el pan de cada día». Sin embargo, el mundo está cambiando, las formas de interrelacionarnos están cambiando, en consecuencia, está naciendo una nueva forma de amar. ¿Mejor o peor? ¿Qué significa mejor y qué significa peor? La fidelidad siempre ha existido, así como también lo ha hecho su contrario. ¿Son las redes sociales las culpables? ¿Estamos más hambrientos unos de otros que antes de Facebook, Instagram o Tinder? Tal vez, si cambiamos la dirección del dedo índice inquisidor y, en lugar de orientarlo hacia fuera, lo orientamos hacia dentro, nos daremos cuenta de que el problema de la infidelidad no es responsabilidad de las nuevas tecnologías sino del uso que hagamos de ellas. Facebook no nos mete en la cama de nadie, lo hacemos nosotros. ¿Por qué? ¿Por qué alardeamos de un falso puritanismo si después no obramos en consecuencia? ¿Ante este hecho somos infieles o nos somos infieles? Puede que la respuesta esté en el hedonismo caprichoso que azota nuestra sociedad donde todo pretende ser apariencia. Todo, materia consumible, proporcionadora de placeres momentáneos. Tal vez es hora de aceptar un nuevo paradigma en el amor y el sexo, sí; pero este debería venir determinado por la necesidad imperiosa de volver a encontrarnos a nosotros mismos y de amarnos desde el perdón y la aceptación. Y así, desde dentro hacia fuera, crear nuestro propio concepto de fidelidad donde no dañar(nos).

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook