24 de abril de 2019
24.04.2019

Ganar el relato del debate

24.04.2019 | 10:12

Como en los viajes, lo importante de los debates es su recuerdo. Por eso nada más acabar escuchamos a una legión de comentaristas más o menos parciales diciéndonos lo que tenemos que pensar. Por eso los candidatos son los primeros en darnos sus impresiones, en una especie de prórroga del debate. Por eso Ábalos salió el lunes a explicarnos lo que había querido decir Sánchez. Por eso los candidatos vuelven a sus sedes y son recibidos como si hubieran ganado las elecciones. Hay que parecer presidente.

La construcción del relato solía hacerse al día siguiente. Hace 20 años, en su primer cara a cara, Borrell dejó a Aznar en fuera de juego. Sin embargo, la opinión publicada proclamó vencedor al joven presidente conservador y ya nadie se acuerda de aquellos agujeros presupuestarios denunciados por el efímero líder socialista. Hoy en cambio el relato se construye a medida que avanza el debate. Un candidato se equivoca y le cae una lluvia de memes. Ya no vemos los debates en solitario, ni siquiera en familia; ahora los comentamos en las redes sociales como los partidos de la selección. Pero qué hace ése, ataca, hombre, defiéndete, qué pantalón se ha puesto, saca la mano del bolsillo, parece un predicador, a ver qué saca ahora el otro.

Cuando escuchamos a los primeros comentaristas, nuestra opinión ya la han modelado tres grupos de WhatsApp y varias decenas de tweets. ¿Sigue siendo nuestra? El martes por la mañana ya había un relato compartido del primer debate, con Sánchez escapándose por poco, Rivera atacando con eficacia, Iglesias probando la moderación y Casado intentando mostrar talla presidencial. Por la noche ya había un relato compartido del segundo debate, con Casado mucho más sólido, Rivera acelerado, Sánchez jugando al empate con eficacia e Iglesias aprovechando su soltura televisiva y confirmando la moderación para quien se la crea.

El primer debate, más que un ejercicio de argumentación, fue la representación de guiones precocinados. Los candidatos recitaron sus frases mecánicamente, a menudo sin relación con las preguntas. Los debates ya son puro teatro, atrezzo incluido. Siempre recordaremos el retrato de Torra y Sánchez, esa Constitución de bolsillo que Iglesias no paraba de leernos o el repertorio de Rivera, con tesis y pergamino. En el segundo debate, mucho más dinámico, hubo golpes multidireccionales, demasiadas interrupciones y desesperantes repeticiones. Pero los candidatos sí contrastaron sus propuestas en temas tan relevantes como las pensiones, la inmigración o la violencia contra las mujeres, devolviendo la esperanza a un formato múltiple que parecía agotado.

Los candidatos construirán sus mensajes de final de campaña con los cimientos de estos dos debates. Y en los tres días que quedan seguirán peleando por ganar el relato, ese recuerdo que perdurará dentro de 20 años como la victoria de Aznar sobre Borrell.

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