23 de mayo de 2019
23.05.2019

Tiempo de espera y de esperanza

23.05.2019 | 20:04

Los miembros del Grup de Seglars i Rectors del Dissabte expresamos nuestro punto de
vista sobre las elecciones del último 28 de abril poniendo la mirada en el evangelio de Jesús
y en los sectores de la población que sufren las consecuencias del sistema económico
neoliberal. Los resultados de las elecciones ofrecen motivos de esperanza, si el futuro
gobierno da respuesta a los retos que nos depara la realidad. A nuestro parecer son los
siguientes:

Las dinámicas de este sistema están creando unas desigualdades sociales y una concentración
de la riqueza cada vez más acentuadas, profundas y rápidas. Las consecuencias
son evidentes: desempleo de la juventud, precariedad del mercado laboral y empobrecimiento
de grandes sectores de la población.

El futuro gobierno ha de priorizar políticas activas de fomento del empleo y en
favor de la igualdad, y también medidas fiscales justas para redistribuir en apoyo
a las personas que se encuentran en peores condiciones y oportunidades.
El fenómeno de las migraciones masivas es otra consecuencia directa de este sistema
productivo (cuyo objetivo es obtener el máximo beneficio económico en el menor tiempo)
y de la agresión al medio ambiente.

El reto que tienen la sociedad occidental y sus gobiernos es el de cooperar con
los países emisores de migración y no explotarlos, para que ésta no sea una
necesidad desesperada para vivir. Mientras tanto es necesario que el discurso
público sobre inmigración y personas refugiadas sea positivo y humanitario.
Las que inmigran enriquecen a las sociedades acogedoras con sus valores y
trabajos.

Vivimos en una sociedad compleja y trabada por el inmenso poder de las multinacionales.
Necesitamos dignificar la política, ponerla al servicio de la ciudadanía y evitar la manipulación
producida por la demagogia de los poderes fácticos y de la "ley del más fuerte".
El gobierno responderá a estas peticiones si se libera de la corrupción y de las
mentiras.

La riqueza de una sociedad estriba en los bienes públicos que la conforman: educación,
sanidad, vivienda y servicios sociales.

Es un reto del nuevo gobierno conservarlos, mejorarlos y evitar su mercantilización.
Nuestra sociedad es plural en cultura, lenguas, orientaciones sexuales y opciones vitales
y de creencia. Lejos de dificultar la convivencia, esta pluralidad la enriquece y le aporta
nuevos valores y horizontes.

Es responsabilidad del gobierno construir y difundir una sociedad inclusiva y
promover una ética en consonancia con los derechos humanos.

La configuración del Estado español está compuesta, de hecho, por diversas naciones,
cuya existencia es anterior al Estado moderno actual. La Transición del '78, dificultada por
muchas presiones, no pudo resolver las demandas nacionales. No queremos ser gente
cautiva de las fatalidades históricas y de la ley de la fuerza.

El gobierno tiene el reto ineludible de facilitar el derecho democrático a la autodeterminación
mediante el diálogo y la negociación política.

En la sociedad actual están resurgiendo posturas fundamentalistas que instrumentalizan
y manipulan a las confesiones religiosas para poder consolidar ideologías conservadoras
y excluyentes.

Dada la reivindicación social de un estado aconfesional y laico, los gobiernos
tienen que fomentar una cultura que potencie la igualdad y la autonomía de la
sociedad civil y la independencia institucional, liberando la política pública de
actos o manifestaciones confesionales.

El estilo de vida occidental, compulsivo en el consumismo y derrochador de los recursos
energéticos, nos aboca a la destrucción del medio físico que sustenta la vida, en algunos
casos de manera irreparable. A partir de ahora, en la agenda internacional se ha de
tener en cuenta a los seres humanos refugiados a causa del cambio climático.

Es, pues, urgente que las clases políticas dirigentes fomenten la conciencia y
los comportamientos ecológicos y sostenibles, y propugnen un estilo de vida
solidario con la naturaleza, los pueblos empobrecidos y las futuras generaciones.
La ley de la fuerza nos embrutece, nos deprava y condiciona la percepción de las demás
personas como enemigas. La humanidad dará un cambio cualitativo que mejorará
sustancialmente la vida y la conciencia humana cuando aprenda y practique el diálogo y
la no-violencia en la resolución de los conflictos.

Es fundamental que los gobiernos trabajen para reducir el cuantioso presupuesto
militar, fomentar la cultura de la paz y promover políticas sociales.

Vivimos en un mundo interconectado como nunca, de manera que lo que pasa allá tiene
repercusiones acá. Somos una familia y nos afecta positiva o negativamente cualquier
acontecimiento de cualquier rincón del mundo. No podemos acercarnos a la ansiada paz
mundial sin una justicia global y una redistribución de la riqueza.

Es un imperativo ético para los gobiernos estatales y europeos promover una
regulación de los movimientos del capital, fijar una tasa a las grandes transacciones
financieras, suprimir los paraísos fiscales y proyectar una política fiscal
mundial que frene la concentración de capital y poder.

Somos muchos los ciudadanos y las ciudadanas que queremos y estamos dispuestos a
colaborar en la construcción de una sociedad solidaria y libre, justa y pacífica, igualitaria y
de hermandad universal. Es preciso que el gobierno y la clase política impulsen la nueva
sociedad y no decepcionen las expectativas generadas, para que la espera se convierta
en esperanza.

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