23 de mayo de 2019
23.05.2019

Volver a la València de Rita

23.05.2019 | 20:18
Volver a la València de Rita

Dejando de lado la situación judicial de la exalcaldesa, la etapa de un cuarto de siglo vivida en València ha sido para mí una de las más felices. Hemos podido disfrutar por 24 años de una ciudad cómoda, sin atascos, sin contaminación, con un transporte público conocido y previsible, con tranquilidad para disfrutar de la ciudad paseando por sus aceras con seguridad y con facilidad para aparcar a la puerta de nuestros domicilios para cargar o descargar enseres o compras. Y con eso pasa como con todo, que no sabíamos lo que teníamos, porque era impensable esperar que algo tan elemental y habitual se pudiese perder. Pero se ha perdido. Han bastado cuatro años de un nuevo gobierno para que la ciudad se haya convertido en un infierno de atascos, contaminación, retrasos en los buses e inseguridad en las aceras, en donde es normal encontrar a más de un energúmeno disparado a lomos de un patinete o bici, sorteando peatones cruzando la ciudad como una bala. Y todo por culpa de la obsesión de la bici a la que durante cuatro años le han prestado todo su apoyo, político y económico, sin que su proyecto avance. Yo no he visto nunca un anuncio de venta de bicis en ningún medio, simplemente porque no son negocio. En cambio, sí me encuentro con anuncios de patinetes que está previsto que el próximo año crezcan en unos dos millones de unidades en España. Así que prepárense ustedes a torear energúmenos en patinete por todas partes. Y yo no entiendo que si para los automóviles se impone los 30 km/h en las calzadas, se autorice esa velocidad para los patinetes en las aceras, porque un patinete a esa velocidad es una bomba suelta, que si atropella a un niño lo destroza. Un adulto de 70 kg más otros 10 kgs del patinete, a 30 por hora es según la conocida fórmula de mxv2 un obús a 7.800, algo que mata en el acto.

Con tanto cambio, se han dejado de publicar los índices de contaminación y la velocidad media en la ciudad y lo han dejado de publicar porque su resultado es la mejor prueba de su fracaso.

Por ello nuestras vidas han cambiado radicalmente a peor. Porque no hay nada que nos mantenga ajenos al paso del tiempo que la rutina, en la que el organismo se habitúa de tal manera a vivir cada día como el anterior de modo que ni se entera de que la vida pasa. El problema aparece cuando cambiamos nuestro ritmo de vida y no sabemos qué va a pasar al minuto siguiente, poniendo a todo el organismo en alerta. Cuando llega un día así en el que hemos de madrugar, de viajar, comer a cualquier hora y acostarnos al amanecer, el organismo lo nota y se resiente. Nuestra vitalidad se viene abajo y el cuerpo comienza a protestar. Y eso es lo que pasa ahora. Que no sabemos el horario del bus y eso se soluciona madrugando. Que no sabemos si habrá atascos y eso nos desgasta por llegar tarde a las citas.

Que nos sorprenden con calles cortadas al tráfico por cualquier motivo. Que en el día a día no podremos cargar o descargar a la puerta de nuestras casas con los nervios siempre en pie, en una vida incómoda y llena de alarmas. Eso es una vida no saludable y esa es la que nos han traído las actuales autoridades municipales.

Y como a los políticos los hemos de elegir para que hagan nuestras vidas más cómodas y saludables ha llegado el momento de elegir con serenidad sobre dos modos de vida ya conocidos y experimentados por todos nosotros y sacar conclusiones.

La primera, que el PP tenía una ciudad con un trazado de carril bici, que yo poseo, con un modelo transversal, que es el que hay que hacer, es decir una red que atraviese la ciudad acortando los itinerarios y en el Ayuntamiento está. En segundo lugar que haciendo coincidir todos los itinerarios en una misma vía vemos que en València no hay calles para tener cuatro vías, para automóviles, bicicletas, buses y peatones, porque València es una ciudad de calles estrechas, por lo que hay que desviar unos itinerarios de otros para que sean suficientes. En tercer lugar hay que recuperar los itinerarios antiguos de los buses que eran seguros, puntuales y rápidos. Y finalmente que una ciudad no se puede entregar alegremente sin saber qué van a hacer con ella.

Si volvemos a la antigua ciudad devolveremos la salud y el bienestar a sus habitantes. Si seguimos así cada día viviremos peor. Pero de esto ¿que entiende el Sr Grezzi? Nada, a él dale pedalear y a otra cosa. Por eso a nosotros nos interesan personas piensen con la cabeza como Mª José Catalá y no con las piernas y eso es lo que hay que elegir la botar el día 26 enviar a unos a lo suyo, a la vuelta a Francia y recuperar buenos gobernantes para volver a vivir en paz.

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