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El desliz

Unas becas medievales

No acostumbra la Universitat de Balears a dar alguna batalla que merezca la pena ser ganada, y no es culpa precisamente de su alumnado. Han sido los estudiantes quienes han denunciado la penúltima ranciedad acaecida en el campus, consistente en dar pábulo y canal institucional a unas becas cuyas bases nos retrotraen al medievo, pues en dicha época se formularon y jamás se han cambiado, y que se dirigen únicamente a «varones, hispanos, católicos, de conducta irreprensible y licenciados con muy buenas calificaciones». Las otorga el Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles de Bolonia, fundado en 1369 gracias a una bula papal por el cardenal Gil de Albornoz y pese a lo que pudiera parecer no ofrecen ampliar estudios de urología sino un doctorado en el espacio común europeo.

Qué irónico, ¿no? La denuncia se refiere a la discriminación que supone una convocatoria así para las mujeres. Como ha puesto de relieve su presidenta, Esperança Bosch, ninguna universidad pública debería ofrecer difusión a unas becas que claramente atentan contra la igualdad de oportunidades. El decano de Filosofía y Letras, Miguel Deyá, que ha avalado el anuncio, defiende su publicación por el prestigio de San Clemente, una institución del siglo XIV que en lo que concierne a la equidad «no puede ser juzgada con criterios del siglo XXI». La pregunta, puestos a filosofar, es qué tiene de bueno que nuestros chavales talentosos sean educados en Bolonia con criterios del siglo XIV en pleno siglo XXI. Y qué clase de Europa construirá el selecto club de los bolonios.

No estamos ante una polémica nueva. Desde que hace unos cuantos lustros se empezaron a difundir a través de internet los peculiares requisitos que exige el Colegio para los 16 estudiantes que ganan sus sustanciosas becas se han sucedido las críticas, y las denuncias. Al tratarse de una entidad absolutamente privada, tiene derecho a establecer las condiciones que le plazca y no se apea en el veto a las mujeres, expresado de forma muy contundente por su fundador. En su momento, el ministerio de Educación en manos del PP se planteó crear una institución similar para chicas, un proyecto que finalmente no se materializó. Mejor. Por nosotras que no lo hagan. Que se lo pregunten a la flamante presidenta del Congreso de los Diputados. Todas las semblanzas que estos días se han publicado sobre la socialista Meritxell Batet recuerdan a la chavala de 17 años que fue desahuciada del piso de Barcelona donde vivía con su madre en paro por no poder pagar la hipoteca. Tenaz y disciplinada, se sacó la carrera a base de becas y trabajando cinco días a la semana en bares de copas para ayudar a la economía familiar, y luego el doctorado dando clases. Profesora de Derecho Constitucional, ha ejercido como diputada y ministra de Política Territorial. Es desde el miércoles la tercera autoridad de la nación, sentada al frente del parlamento más igualitario de la historia de España y el más paritario de toda Europa. No está nada mal para alguien que jamás habría podido entrar en el club de los bolonios.

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