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La puerta que da al mundo

Días atrás sonó el timbre. Requerimiento habemus para que la niña acuda como segundo vocal el próximo domingo. Dados los numerazos en los que las juntas electorales se han visto sumidas desde la cita anterior con implicados de todos los colores y condición, lo único que le hacía falta a la de zona era esta designación y, en lo que a los receptores de la misiva se refiere, ojú.

La requerida anda atravesando el sudeste asiático a bordo de una mochila. Vietnam, Laos, Tailandia, varios meses de voluntariado en un centro de Myanmar, antigua Birmania, llamado Thabarwa, donde ha abrazado una realidad que jamás olvidará y que acababa de dejar. Cuando sonó el timbre pululaba en medio de la nada por Rihkhawdar, subida a una camioneta en la que hilar tres días de auto stop sobre caminos polvorientos antes de meterse, de no torcerse nada, 47 horas en un tren hacia Nueva Delhi. En tales condiciones, con enormes tramos en los que no había manera de conectarse, debía remitir documentos que acreditaran la inviabilidad de formar parte del tablero acondicionado para el 26M. La cosa tenía tal pinta que, como engendrador, pensé en entregarme.

Una forma de matar el tiempo eterno de espera fue buscar alternativas y reparé en que eran elecciones... en India. Aquello es tan inmenso que la votación tiene lugar a lo largo de seis semanas en el millón cien mil centros electorales existentes para los 900 millones de censados, con urnas transportadas hasta algunos lugares en helicóptero, canoa o elefante, lo cual otorgaba mayor chance a la alternativa que bullía en la cabeza por si el visado y el billete de avión no llegaban en el plazo fijado. No hacía más que pensar en la de vías que emplean esas autoridades para que nadie pierda su derecho. Y siendo dos gatos, las nuestras se muestran incapaces de subsanar que a los españolitos les cueste un mundo votar fuera, por lo que, pese a la cantidad de mesas con las que iba a encontrarse al cruzar la frontera, descarté que pudieran convalidarle la tarea en una de ellas. Imposible. El indio nos gusta hacerlo a nuestro modo.

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