26 de mayo de 2019
26.05.2019

Debilidades del tejido empresarial valenciano: propuestas de mejora

26.05.2019 | 19:49
Debilidades del tejido empresarial valenciano: propuestas de mejora

Un ciudadano de la Comunitat Valenciana es un 12,2% más pobre que la media de España y esa distancia ha aumentado casi 10 puntos en las dos últimas décadas. Uno de los factores que explica este hecho preocupante es nuestra menor productividad, ya que con los recursos productivos que utilizamos generamos menos valor, lo que limita la rentabilidad de las empresas y su potencial de creación de empleo.
El objetivo de esta tribuna es analizar las debilidades del tejido empresarial valenciano que explican su menor productividad para, a partir de las mismas, proponer algunas líneas de mejora. En concreto, identifico ocho debilidades y seis propuestas para mejorar la eficiencia y generar así más valor.

Debilidades. La primera debilidad de nuestras empresas es doble: están especializadas en actividades que generan menos valor, y son menos productivas en la mayoría de los sectores productivos. Un dato ilustra este resultado: los sectores en los que la productividad de la economía valenciana es inferior a la de España generan el 69% del PIB del sector privado. Por tanto, más de dos terceras partes de lo que producimos lo conseguimos de forma menos eficiente.

La segunda debilidad es la menor profesionalización de la dirección de las empresas. La preparación de empresarios y directivos es clave para la orientación de las estrategias y especialización de las empresas. Si aproximamos la calidad de la gestión por el porcentaje de empresarios y directivos valencianos que poseen estudios superiores, el porcentaje en la Comunitat Valenciana es 4,2 puntos inferior al de España (28,8 % vs 33 %).

Ese menor capital humano se extiende a la totalidad del empleo (tercera debilidad), lo que condiciona el desarrollo de las actividades más generadoras de valor. Así, el porcentaje de ocupados con estudios universitarios en la Comunitat Valenciana es inferior al de España (27,5 % vs. 30,2 %).

La cuarta debilidad es la elevada temporalidad del empleo, ya que desincentiva la inversión en capital humano, lo que redunda en una menor productividad. Si bien es un rasgo que comparte con España, en la Comunitat Valenciana el problema es mayor, ya que la tasa supera dos puntos la media nacional (28,8 % vs. 26,8 %), siendo la quinta más alta de las regiones españolas.

La baja inversión en activos intangibles es nuestra quinta debilidad, ya que las empresas más intensivas en TIC e intangibles (I+D+i, organización, marca) son más competitivas. Mientras que en España estos activos representan el 5,8 % del capital de las empresas, en la Comunitat Valenciana suponen el 4,3 %.

La sexta debilidad es la limitada digitalización de la empresa valenciana. La digitalización desafía a las empresas en sus productos, procesos, empleados y modelos de negocio. Un dato es indicativo de esta debilidad: solo un 18,7 % de las empresas valencianas con 10 o más trabajadores cuenta con especialistas en digitalización (frente al 27 % de Madrid), y entre las microempresas el porcentaje desciende al 3,6 %.
La generación de valor depende de la productividad del trabajo, pero también de la orientación de las inversiones. La evidencia muestra que cuanto mayor es el peso de los activos inmobiliarios, menor es la productividad. En este contexto, en el ranking de las regiones españolas, la Comunitat Valenciana es la tercera con mayor peso de los activos inmobiliarios en el capital de las empresas.

Es ampliamente conocida la relación que existe entre productividad y tamaño empresarial. El menor peso del empleo en las empresas grandes y el mayor en las más pequeñas (octava debilidad) reduce la productividad media valenciana. En concreto, las empresas valencianas de más de 250 empleados (grandes empresas) generan el 10% del empleo total, 3,3 puntos menos que en España.

Propuestas. Para hacer frente a estas debilidades y conseguir reducir la brecha de productividad que separa a las empresas valencianas de la media nacional, es necesario orientar el esfuerzo inversor hacia los activos que impulsan la competitividad (I+D+i, capital humano, activos intangibles, TIC, etc.) para así generar más valor añadido. Ello requiere:

1) Impulsar la profesionalización de la gestión, ya que son los directivos y empresarios los que toman las decisiones fundamentales. Su preparación es fundamental para la visión estratégica de las empresas en aspectos como la innovación, internacionalización, digitalización, etc.
2) Incorporar recursos humanos cualificados y permanentes a las plantillas. Para ello, las empresas deben apostar por la formación continua y el reciclaje de las plantillas, así como por el empleo permanente (reduciendo la temporalidad) por el efecto beneficioso que tiene sobre la inversión en capital humano.

3) Promover la transformación digital de las organizaciones. La digitalización ofrece un enorme potencial para mejorar la competitividad (impulsa la innovación en productos y procesos, mejora la eficiencia, genera oportunidades de negocio y más rentabilidad, permite satisfacer mejor a los clientes, etc.). No digitalizar las empresas es un riesgo para el empleo, ya que si no son transformadas para adaptarlas, gran parte de las ocupaciones actuales resultarán automatizadas.

4) Concentrar mucho más la inversión en los activos intangibles, ya que lo que caracteriza las economías más prósperas es el elevado peso del conocimiento en los recursos productivos: la I+D+i, el software, el diseño, la marca, el capital organizacional, etc. En esos activos se basa la capacidad de innovar y captar valor en los mercados.

5) Adaptar la estructura financiera de las empresas para poder invertir en conocimiento. La creciente importancia que va a tener la inversión en intangibles y las dificultades de su financiación con recursos ajenos (por su mayor riesgo), exige fortalecer los recursos propios de las empresas, y también un cambio de criterios en las entidades financieras.

6) Difundir e imitar las prácticas de las mejores empresas. En cualquier sector existen empresas valencianas líderes (grandes y medianas, rentables, financieramente sólidas, innovadoras, profesionalizadas, etc.) cuyas experiencias deben ser conocidas para que puedan ser imitadas.

En resumen, uno de los motivos que explican la debilidad económica de la Comunitat Valenciana es la baja productividad de una parte importante de su tejido empresarial. Para mejorar los resultados es clave el reconocimiento realista de los problemas y la visión de futuro de los líderes empresariales, ya que condiciona la orientación de estrategias y decisiones. Si no somos conscientes de nuestras debilidades, no implementaremos las acciones necesarias para reducir la brecha que nos separa de la mayor productividad y bienestar de otras economías más avanzadas.

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