27 de mayo de 2019
27.05.2019
De paso

La última lección de Podemos

27.05.2019 | 20:53
La última lección de Podemos

La última lección siempre llega demasiado tarde. Ahora, cuando el ciclo del 15M se acaba de cerrar, casi todo lo aprendido desde 2008 se ha de resumir. De todo eso, dos cosas continúan vigentes. El reto catalán, que está lejos de quedar cerrado; y lo que ha sobrevivido de Podemos, Más Madrid y concretamente Errejón. Todo lo demás no se olvidará, como no se olvida Indíbil y Mandonio, pero no tiene eficacia política. Una nueva mirada, y una nueva generación, comienzan a instalarse en la política española, y lo relevante en el futuro ha de proceder de la observación de lo que esa generación haga a partir de ahora. No durará más ese tiempo en el que nuestros políticos estaban a la sombra de sus mayores: ni Rajoy, ni Aznar, ni González, ni Anguita son ya los mentores de estos nuevos políticos. Creo que lo que surge ante nosotros retira de la escena política a todos estos grandes hombres. Ni salieron bien de sus propios problemas, ni han sabido orientar a los jóvenes. Supongo que por fin todos esos grandes nombres entenderán que ya solo pueden marear.

Ante todo, ese invento de Aznar que es VOX. Ha bastado la recomposición de la posición centrista del PSOE para que VOX se desinfle como un azucarillo. No, España no será Italia. Abascal no es Salvini. Por supuesto, seguirá ahí, como una rémora, retrasando cualquier posibilidad de modernización de la mentalidad tradicional española, tan funesta. Pero volverá a trabajar en el silencio de lo inconfesable. Se le reclamarán sus votos por utilidad, por pragmatismo, pero a cambio nunca se emprenderá una modernización que deje atrás los puntos de vista tan bizarros, extremados y exagerados de esta gente. Serán el ejército de reserva de la derecha para hacer, llegado el caso, según qué cosa, pero por ahora ya no parece el caso.

Nadie se cree sus bravuconadas de que venderán caros sus votos. Claro que Vox es consciente de que el método de Andalucía acaba con ellos en las próximas elecciones, pero no tienen opción. Son unos mandados y ellos lo saben. Ahora recibirán la orden de que hay que salvar Madrid y se plegarán a ella, pues de otro modo podrían favorecer un acuerdo PSOE/Ciudadanos que abriría los trasfondos de todos los cajones de todos los despachos que después de 24 años están a punto de reventar. Madrid no resistiría esa transparencia, así que el disciplinado capitán Ortega y la disciplinada Monasterio (milicia y monacato, qué símbolo) pasarán a ser nada para que todo siga igual. Con el pack de un iPhone y una tableta, recibirán un ejemplar de El Gatopardo para entretenerse.

No menos subalterno se presenta el futuro de C's. Dilapidó con un fiasco todo su crédito en Cataluña, retiró a Arrimadas, impuso a Vals para luego dejarlo caer, compitió por la extrema derecha y se dejó ganar en el giro al centro oportunista de Casado. Ahora, carente de energía y coraje, parece no querer estudiar gobiernos de coalición con el PSOE allí donde representaría una oferta al PP para que se regenerase, organizase una mínima elite preparada y no improvisase más despropósitos. De otro modo, el PP actuará con la segura esperanza de que sus errores los cubrirá Ciudadanos con devoción y esmero. Si Rivera supiera algo de política, no permitiría que Casado recibiera el oxígeno del ahogado, sino que sacaría hasta el último papel comprometedor de lo que ha sido una organización al margen de la decencia. Con ello, Ciudadanos cerraría una época que empezó con el Tamayazo y respondería a la exigencia de verdad, propia de una ciudadanía madura.

Ahora se verá que el PSOE es un partido que dispone de un elemento inevitable en todo partido político: ser despiadado. No le dará oxígeno a Iglesias, por mucho que ahora se presente con la humildad de un mendigo. No se puede decir que Iglesias no haya sido despiadado. Lo ha sido, ¡y de qué manera! Pero no se debería ser despiadado sin alguna que otra virtud: por ejemplo, inteligencia. Iglesias lo fue sin medida. Sus hombres lanzaron contra Carmena el asunto aquel del «asesinato» de un mantero. Luego boicotearon tanto como pudieron el Gobierno municipal sin ofrecer lealtad alguna. Después quisieron imponerle a ella y a Errejón una lista como si aquello fuera el Komintern.

Por último le lanzaron una candidatura alternativa. El día antes de votar, se dijo que Carmena saldría elegida de todas maneras y recomendaba apoyar a Madrid en Pie. Era su coartada. En realidad, se pensaba que Carmena era alcaldesa por Podemos y que por él dejaría de serlo. Se ha justificado por la operación Madrid-Norte. Ahora los madrileños se comerán cuantas operaciones de esas sean menester.

Sencillamente, no hubo virtud política para asegurar el capital político. Pero a quién le importa la virtud después de impulsar el camino político más desnortado que se recuerda, hasta hacer de Podemos un asunto gobernado por la lógica familiar. Al final Iglesias podía hablar como si fuera Errejón, pero los izquierdistas puristas se lo perdonaban porque era uno de los suyos. Cuando a Monereo se le dijo que ya estaba viejo para entender la política del palo recto (que es bien fácil), este mantuvo el primer tiempo de saludo y se fue a la jubilación. No. Esta forma de ser es la última heredera del guerrillero peninsular, que es una formación del psiquismo de la revancha, narcisista y megalómano. Invadidos por ideas fijas, sólo se preocupan por ellos mismos y sus banquetes ideológicos. Ahora solo ven una explicación. El traidor es Errejón.

Pero no puede ser traidor quien saca más votos que Iglesias, desde la nada. Eso, sin embargo, no importa ya. Sánchez explorará ante todo ofrecer a Rivera la cabeza de Iglesias para facilitar el futuro. Pues el PSOE, aunque cante victoria, no puede alzar la voz. Carmena no es alcaldesa por la falta de tirón de Pepu Hernández, y si alguien critica al independiente Gabilondo, la pregunta es si habría mejorado su resultado cualquier militante del PSOE. No. Un partido que tiene que recurrir a independientes en la capital del Estado, y solo a ellos, no parece fuerte y radiante. Todo esto permite entender mejor la heroicidad del 15% de votos alcanzado por Más Madrid, que debe comenzar hoy mismo a trabajar como un partido serio y de nuevo estilo. El grupo humano que se forjará en el Ayuntamiento de Madrid y el que se forjará en la Asamblea, deben tener fe en su futuro. Son los mejor preparados, tienen las mejores ideas, están atravesados por la pasión política y se parecen más a los sencillos ciudadanos de este país que ningún otro grupo. Al final, la última lección de Podemos sólo le servirá a Más Madrid, que debe comenzar hoy mismo a trabar relaciones con los grupos locales que por doquier apuesten por un nuevo estilo político, democrático, directo, popular, sencillo, en el que todo afiliado comparta la vida cotidiana con su entorno, la conozca y la mejore, desde el aspecto laboral hasta el ecológico.

El llamamiento de Sánchez a Ciudadanos es solemne y en toda regla, y la prueba es que Gabilondo ha dicho que ensayará formar gobierno en Madrid. Rivera no tiene que temer a VOX. Eliminar el cinturón sanitario para el PSOE implica también posibilidad de acuerdos en las Cortes. La reunión con Macron tendrá esa agenda. En medio de esto, Podemos ya es solo la superestructura dorada parlamentaria en la que Iglesias lo ha encerrado. No es salvable ni la marca ni la estructura de partido, que ha causado en las agrupaciones desconfianza, malestar y rechazo. Al margen de todo esto, Errejón debe impulsar una organización federal, uniendo a los mejores de cada lugar, para algún día formar listas comunes y representar una España plural capaz de comprender su diversidad.

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