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Gemma Martínez

El apunte

Gemma Martínez

La boda de mi mejor amigo

La semana pasada falté a mi cita con ustedes, discúlpenme, porque estaba en Nueva York, la ciudad que fue mi casa durante cuatro años y donde, al regresar a España, dejé a algunas de las personas que más quiero, esas sin las que mi vida carecería de puntos de anclaje. Él, mi mejor amigo y una de esas personas de las que les hablo, se casa con su novio tras seis años de relación. Quiero estar allí en el día que oficializa una historia de amor que prácticamente vi nacer. Así que vuelvo a jugar a la primera vez y me estreno como invitada en una boda homosexual en Nueva York. La experiencia arranca en la oficina del registro (City Clerk), a la que los novios llegan con los deberes hechos en forma de una licencia matrimonial que cuesta 40 dólares. Tras los cansinos controles de seguridad, te adentras en un corredor saciado de parejas listas para entrar a matar y coges un número que marca tu turno en el supermercado del amor. La pantalla tarda en gritar que ya te toca y ese lapso permite diseccionar el universo matrimonial, que es tan diverso, mestizo, multirracial y contradictorio como lo es a veces la propia Nueva York. Lo hispano es el gen dominante y prima la purpurina. Pero también hay vaqueros y zapatillas. Hay caras serias, de bodas de trámite a cambio de papeles, pero también caras felices de bodas de emoción. Este último caso es el de mi amigo y también el mío, una de las dos testigos de una ceremonia que no dura ni cinco minutos. Mi amigo llora y yo le acompaño, también en esto, porque no puedo dejar de pensar en su historia vital, de superación. El mundo no siempre se lo puso fácil por su condición sexual. Ahora la realidad es otra, aunque no debemos de dar nada por garantizado, sobre todo cuando en España determinados extremismos políticos cuestionan el matrimonio homosexual. Alejémonos de estas formaciones y de sus posiciones, incomprensibles para alguien como yo, que piensa que la condición sexual de uno es eso, de cada uno, y que el matrimonio es algo entre dos, sin sujeción de género alguna.

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