31 de mayo de 2019
31.05.2019

La frase de las bragas del bazar chino

31.05.2019 | 20:22
La frase de las bragas del bazar chino

La sexualidad es la estancia por la que penetra nuestra educación. Junto a la pasión está el estremecimiento, pero también, el temblor que se agita con el instinto no pulido por la sensibilidad. Creo que vivimos una forzada comedia para eludir hablar claro; la modernidad y pamplinas nos sitúan ante rígidos vocablos que en definitiva son el consuelo de la negación de la evidencia.

Creo que acostarse con un gañán es igual que dejarse aplastar por un sepulturero. A veces, la razón se nos desancla, y acabamos flotando junto al dique de la ignorancia y sus derivadas. Las personas que son borrachera de conocimiento, saben, que junto a la sexualidad se ven las tonalidades de todos nuestros sentidos. Cuando se trata de escoger amantes, mejor recurrir al psicoanálisis (sonrío). Según está la vida y la tecnología cualquier viejo vínculo puede ser promesa de daño. Hay rencores que son secuencia de ignorancia y no contemplan el respeto. Sí, junto al odio nacen las perversiones enumeradas, ¿lo dudan? Las personas que se relacionan con inteligencia no andan a tientas entre las sábanas, saben que pase lo que pase, la intimidad es una íntima sala de lectura que no se comparte con nadie. Nuestros vínculos son la sintaxis de nuestro pensamiento. Por lo tanto, en determinadas ocasiones, es mejor ser arrogante que ignorante.

Hace pocos días acudí a un bazar chino a comprar arena para mi gatos; con la parsimonia del curioso me di un garbeo por el local, al final de uno de los pasillos me encontré con la sección de bragas y tangas, hasta ahí más o menos todo normal, ¿pero a qué no saben lo qué vi? Un montón de bragas con una frase en la parte delantera... Intenté no reírme, pero no pude, solté una soberana carcajada que me fue imposible dosificar. La frase es "mi tesorito" y las bragas las tienen en todos los colores. Al llegar a casa, el pensamiento se puso envalentonado, con gesto resuelto alargó la nariz a la vagina y se pusieron a hablar. La vagina le aseguró al pensamiento que no era "ningún tesorito". Le recordó que otras épocas fue desgracia de virginidad y desventura de señora solitaria entregada a un solo hombre. Y entre tantas cosas que se dijeron, pensamiento y vagina, me quedo con una... Renunciar sin remordimientos a todo aquello que me recuerde la frase de las bragas del bazar chino.

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