Algo ha fallado cuando una mujer acaba suicidándose después de que se difundiera sin su autorización, entre sus compañeros de trabajo, un vídeo de carácter sexual grabado hacía años. Algo ha fallado en una sociedad, una empresa y unos compañeros que no fueron capaces de parar esa gravísima violación de su intimidad y el acoso al que estaba siendo sometida. No cabe duda de que tendrán que depurarse todas las responsabilidades por lo sucedido, como ya ha anunciado el Ministerio Fiscal, pero por desgracia, para ella es demasiado tarde.

La irrupción de las nuevas tecnologías y la proliferación de múltiples formas de comunicación, está permitiendo que el acoso y los acosadores también dispongan de un nuevo campo de actuación. Por ello, y con acierto, el legislador introdujo en la reforma del Código Penal de 2015 dos tipos delictivos absolutamente novedosos y necesarios en nuestro país, como fue el stalking, que comprende el acoso, acecho u hostigamiento, y el sexting o difusión de imágenes íntimas obtenidas con consentimiento de la víctima, pero sin autorización para su difusión.

Respecto del sexting, es importante recordar que la legislación penal sanciona tanto a quien haya grabado y difundido sin consentimiento una relación íntima, como a quien simplemente la recibe y difunda, en cuyo caso se le impondrá una pena de privación de libertad de 3 meses a 1 año. Y esto es así, por cuanto el daño que se le causa a la víctima viene por la viralización de ese contenido, siendo por tanto autores quienes lo difundan con un mero clic en redes sociales, Whats App o correo electrónico.

Nos encontramos ante un delito que puede afectar más intensamente a mujeres, menores y personas con discapacidad, ya que arrastran determinados estereotipos machistas o se encuentran en una posición de mayor vulnerabilidad, según el caso, elementos que ha tenido en cuenta el legislador para establecer un subtipo agravado de pena.

Quiero creer que las personas que, no siendo los autores, participan en la difusión de esos contenidos no conocen la responsabilidad penal en la que están incurriendo, es más, quiero creer que no son conscientes del grave daño que causan a la víctima. La despersonalización, la banalización de contenidos y la falsa apariencia de privacidad que dan estas formas de comunicación, hacen que se toleren y aplaudan mensajes que no se aceptarían en la vida real. Por ello, e igual que nos esforzamos por aprender el funcionamiento de estos dispositivos, debemos ser capaces de imponernos e imponer al resto determinados valores fundamentales de convivencia, igualdad y respeto en su uso.