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Alfons Garcia

A vuelapluma

Alfons Garcia

Lo que uno no quiere

Como Millás, me levanto de la cama deseando que la minúscula araña que estaba anoche en la ducha se haya evaporado. Sé que si está ahí no lograré sacarla, tendré que abrir el grifo y empezaré el día con mal cuerpo con un pequeño asesinato sobre mi conciencia. Un día de estos voy a hacer recuento de todos esos pequeños errores diarios que amargan la existencia. Uno de los que ha vuelto con el calor es verme acelerando ante el semáforo en ámbar para evitar al inmigrante que limpia parabrisas. Para evitar decirle que no sin malos modos, porque si se lo dices sin empeño y cajas destempladas es como si captara tus dudas y entonces se precipita a tirar el líquido sobre el cristal y ya estás perdido. Una vez más has acabado haciendo lo que no querías. Creo que cualquiera podría escribir una biografía con esa parte de su vida. Acabar haciendo lo que no querías.

Y cuánto de eso hay en el juego político diario. No es una crítica. Es más, la política sensata debería ser algo parecido a eso: acabar aceptando lo que uno personalmente no quiere por el bien de una mayoría. Con sus límites, porque no todo vale, pero ahora que ha pasado un denso periodo electoral debería ser tiempo de sentido común y pragmatismo y menos de proclamas mitineras.

Manuel Valls se ha ganado el respeto proponiendo una solución que es algo así. Evidentemente no le gusta Ada Colau de alcaldesa, pero le parece bastante mejor que una Barcelona gobernada por independentistas. Ciudadanos no lo entiende. Debe de ser que hay que alejarse un poco o llegar de fuera para ofrecer una mirada menos contaminada. O que Valls tiene más ojo político a medio o largo plazo, que es algo legítimo, porque se puede acabar haciendo lo que uno no quiere pensando que es lo mejor para hacer lo que uno quiera en el futuro. En todo caso, ha demostrado que puede existir un espacio en el centro entre PSOE y PP.

Escucho a Pablo Iglesias y me queda la sensación de que siempre tiene la razón, de que los otros son los equivocados. Me pasa incluso aunque esté reconociendo que la derrota es atribuible solo a él. Suena como que lo que de verdad está diciendo es lo contrario, que el que menos se ha equivocado es él, que al fin y al cabo ha obtenido un mejor resultado que sus hidalgos territoriales (decir barones me parece excesivo). La incógnita es si puede el Podemos valenciano independizarse de Madrid y Galapagar y empezar a pensar por sí mismo. Puede. El problema es que, al dar el paso, igual se da cuenta de que ya no es Podemos, que es Compromís, y eso sería acabar haciendo lo que no quiere.

Que es lo que, a su tiempo, sucederá con Mónica Oltra. Acabará aceptando que Puig es presidente de la Generalitat, a pesar del reclamo con el que ella se presentó en campaña. No lo quería hacer, pero acabará haciéndolo. Cuando ella quiera y cuando el límite reglamentario esté cerca. El pequeño triunfo que le queda es la gestión de los tiempos. Habrá que ver qué pasa en el futuro: a Oltra se le planteará la disyuntiva de ser fiel a su voluntad o acabar haciendo lo que no quiera pensando en lo mejor para Compromís. Y otro tanto sucederá con Puig, que creó un problema cuando dijo que esta que empieza sería su última etapa en la Generalitat y en el PSPV. No tardarán estos debates en desvelarnos. Ahora, lo peor de todo es que la araña continúa ahí.

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