04 de junio de 2019
04.06.2019

La selectividad y las calificaciones académicas

04.06.2019 | 21:24
La selectividad y las calificaciones académicas

La sabiduría es tan noble que no debería ser puntuada. Muchos jóvenes estos días se enfrentan al reproche familiar y social por sus calificaciones académicas. Muchos de estos jóvenes verán cómo sus vocaciones son sesgadas por no conseguir un 7. Las carreras vocacionales, dícese Medicina, Biología, Veterinaria y otras tantas más deberían tener un acceso libre, sin exigencias de una nota.

La vocación está por encima de cualquier nota, la vocación es el cemento que se emplea para construir la obra humana. Una persona que ama el conocimiento estudia desde que nace hasta que muere. Una persona que solamente estudia durante su etapa académica no es una persona que ama el conocimiento, es una persona que para conquistar una posición social estudia. Ni más ni menos.

El conocimiento nunca debe ser un verso truncado. Y mucho menos por una prueba que un momento determinado se llamó PAU (en catalán estas siglas se corresponden con paz) ¡Qué curioso!

Al escuchar la palabra selectividad me viene a la mente otra: castración. ¿Existe algo peor que castrar una vocación? ¿Dónde van a morir las vocaciones que son castradas por una nota? Al cementerio de la droga, del alcohol, de las enfermedades emocionales, de la apatía, de la desesperación...

El alma humana no entiende determinados despropósitos educativos. El alma humana toma por rapsoda a la vocación y declama todos sus anhelos como el enamorado lo hace con los versos de amor. Por poner un ejemplo, el premio Nobel de Literatura de 1988, José Saramago, o Leonardo Da Vinci fueron autodidactas, se enseñaron a sí mismos, nadie les impuso un ritmo y mucho menos una calificación, y fíjense qué lejos llegaron.

El conocimiento es opuesto a lo que hoy en día se llama "conocimiento".

Albert Einstein era un mal estudiante (no hubiera aprobado la selectividad), suspendía matemáticas y fíjense a la cumbre científica que holló...

Una persona que ama el conocimiento no busca el aval de un título y, mucho menos, el de una calificación. Eso sí, en la época que vivimos tanto Da Vinci como Einstein estarían en la cola del paro. A día de hoy no se valora el conocimiento, lo que importa es el título. Es curioso que en una sociedad donde la mayoría tiene estudios superiores, las mentes cada vez son más inferiores. ¿Se han parado a pensar por qué sucede esto?

Algún día nos daremos cuenta...

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