07 de junio de 2019
07.06.2019
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Qué duele a los valencianos

07.06.2019 | 20:07
Qué duele a los valencianos

«I et recordem el teu país, el nostre,/
que, de segles ençà, es mou també
al ritme que altres volen».

Jaume Pérez-Montaner, Benimaclet-2015

La realidad del País Valenciano es dura. Los valencianos llevan una vida difícil. La economía, el empleo, la cultura, la educación, la lengua, la financiación, las infraestructuras, la sanidad, el respeto y la inclusión en el conjunto español, son tareas pendientes. Los resultados electorales así lo pintan. La sociedad valenciana se decanta por la estabilidad. Los votos avalan la continuidad de políticas en clave progresista que, en esta legislatura, tienen su prueba de fuego. Es la oportunidad para definir y afianzar el proyecto de país. Estilo de gobierno que fue novedoso en 2015 y que ha llegado la hora de consolidar. Superando la cantinela de siempre: financiación, Corredor Mediterráneo, catalanismo, carril bici, peatonalización, túnel pasante, acceso norte al Puerto, Marina, ferias, paridades, falleradas o confesionalismos.

Valencianizar. Los partidos políticos, en crisis, tendrán que trabajar para alcanzar su mayoría de edad. El PSPV de Ximo Puig, cuyo repunte se lo debe al PSOE de Pedro Sánchez y José Luis Ábalos. El PP-CV de Isabel Bonig, sucumbe -Agramunt y Margallo lo quieren rejuvenecer- a causa del estado generalizado de corrupción integral. Tres presidentes de la Generalitat –Zaplana, Olivas, Camps- presos o procesados por cohecho, blanqueo de dinero y malversación de fondos públicos. Tal como todos sabían, el electorado jalea y los poderes fácticos consienten. No hay congregación que supere semejante asedio. Unides Podem- EU de Martínez Dalmau, víctima de desorientación y del conflicto interno. Ciudadanos, de Toni Cantó, en plena apostasía liberal, sin liderazgos eficientes. Compromís -sobrepasado a nivel autonómico por Ciudadanos- ha soportado el oportunismo socialista con 17 diputados autonómicos. Tendrán que ser más, en próximos comicios, si quieren relanzar el «valencianismo político», que soñó Alfons Cucó.

Invisibles. El handicap de la Comunitat Valenciana es la invisibilidad. Es la autonomía más estable y continuista. Se comporta con la lógica de la corriente socialdemócrata, en boga ahora mismo en España. Durante las noches electorales del 28 A y del 26-M, la inquietud y el protagonismo de la CV quedaron eclipsados por los frentes de notoriedad, cuyo eje no pasó por la autonomía valenciana. El bipartidismo se ha convertido en bicoaliciones: progresista y conservadora, con el soberanismo en cuña. ¿Quién inclinará la balanza con moderación, ecuanimidad y respeto a los principios? Los cinco millones de valencianos tienen derecho a ser protagonistas. Compromís -Oltra, Baldoví y Ribó- sabe, por fin, cuál es su posición en el tablero. Con cuántos diputados y regidores cuenta para desarrollar su proyecto. Cómo se delimita su territorio en el País Valenciano. Cuánto valen los 17 poderes de sus diputados autonómicos, 10 concejales en València y Joan Baldoví en el Congreso. Más allá del riesgo de cohabitar con Podemos. Compromís, coalición valenciana refractaria a la involución centralista.

Proyecto. Los partidos políticos habrán de diseñar su proyección a medio y largo plazo. El bloque de derechas ha fracasado en su intento de recuperar el poder. Ni camuflado en el anticatalanismo ni contra el carril bici. El frente del cambio-2015, que ya es de continuidad, habrá de distanciar al enemigo que ha mantenido en casa durante el primer Consell del Botànic. Extrañan las concesiones y guiños para con sus adversarios de verdad, que no tienen otro objetivo que desalojarlos del poder y de las instituciones. El PP y sus colegas son adversarios por encargo de quienes mandan tras las bambalinas. Hay que pasar página al posibilismo y a los complejos que han empañado la imagen de regeneracionismo y dignidad. No pueden pagar más sueldos a los enemigos declarados que siguen en las instituciones y en cargos de decisión. Ofende a ciudadanos y electores. Para eso no les han votado ni en 2015 ni ahora. Además son un lastre para el proyecto de país, en el que no creen.

Estabilidad. La Comunitat Valenciana y la ciudad de València han tenido unos resultados insólitos de estabilidad. Se arriesgó y la victoria fue ajustada. Diez mil votos en las autonómicas y seis mil en el Ayuntamiento no parecen demasiados. Respaldo suficiente para continuar la labor iniciada y consolidar políticas de tolerancia y progreso. Madrid, comunidad y metrópoli, ha vuelto a la hegemonía conservadora. Catalunya y Barcelona, siguen colgadas del vértigo independentista y ajenas a la estabilidad. Andalucía y Sevilla, se mueven entre tendencias contrapuestas: presidente comunitario del PP y alcalde socialista. Para encontrar coherencia hay que mirar hacia Euskadi. Donde predomina la fidelidad al territorio y a los intereses de los vascos.

Cada día se impondrá más la eficiencia en la gestión. Desde la felicidad de los votantes, la transparencia, la competitividad, la equidad, la cultura, la formación, la justicia, la ecología, la salud o la honorabilidad. Hacia la liquidación de los privilegios de quienes se sienten machos dominantes con desprecio a los derechos de los demás.

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