08 de junio de 2019
08.06.2019

El largo camino

08.06.2019 | 22:50
El largo camino

Nos alegrábamos esta semana, cuando conocíamos los últimos datos del paro, con un descenso que no se producía desde hace diez años. Según opinión de los encuestados, como recoge el barómetro del CIS de mayo, es el principal problema que tiene nuestro país actualmente. En nuestra Comunidad, que quedaba en tercer lugar en relación con el descenso de la tasa de paro, por detrás de Andalucía y Cataluña, de las 356.397 personas paradas, 215.691 son mujeres.

Una cifra llama la atención de la estadística, referida a la evolución de la afiliación, los más de nueve millones de mujeres que figuran afiliadas, lo que supone el 46,52% de ese registro. Las valoraciones políticas y de operadores sociales, estos últimos con matices, son positivas. Aunque estos indicadores son para animarse no pueden producirnos autocomplacencia porque respecto al empleo femenino queda mucho por recorrer.
El año 1975 fue declarado por la ONU como el «Año Internacional de la Mujer», así lo aprobaba la resolución 3010 (XXVII) de diciembre de 1972, con el objetivo de reforzar el reconocimiento del principio de igualdad de hombres y mujeres, de hecho y de derecho. Destacaba, entre otras cosas, la responsabilidad y el importante papel de la mujer en el progreso económico y social, e incluso invitaba a los gobiernos a que ratificaran el Convenio de 1951 que había aprobado la Conferencia Internacional del Trabajo, relativo a la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor. Maria Aurelia Capmany publicaba, en 1975, una obra titulada De profesión: Mujer, en la que analizaba la posición que ocupaba la mujer en nuestro país en diversas situaciones sociales. En el ámbito laboral, hacía especial hincapié en la discriminación salarial que se recogía en los convenios colectivos y la negación de la promoción de la mujer a puestos directivos. Todo ello, a pesar de que normas como la ley de 1962 o de 1970, establecían la paridad de sueldos sin discriminación de sexos.

Asimismo, desde 1975 Maria Ángeles Duran, la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Sociología el año pasado, ha dedicado sus investigaciones al trabajo no remunerado de las mujeres, es decir, al trabajo en el hogar. Según el INE, ese trabajo, es un 30 por ciento superior al trabajo remunerado en términos generales. Lo que significarían, según Duran, 28 millones de puestos de trabajo en condiciones normales. Este llamativo dato tiene una incidencia en la macroeconomía, ya desde el año 1995 la ONU viene recomendando que se incluyan en los estudios macroeconómicos los recursos no monetarizados, para evitar que sean sesgados, parciales y pobres. De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en sus últimos informes ha empezado a incluir el trabajo no remunerado.

La Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV) que preside Salvador Navarro, consciente de la situación, ha hecho una apuesta firme por el desarrollo de actuaciones que ayuden a paliar esa desigualdad laboral que existe entre hombres y mujeres. Recientemente publicaba un informe, en el que han participado entre otros, UGT y CCOO País Valencià, titulado «Enfoque de Género en la Negociación Colectiva» incluido en lo que han denominado el Plan para Promover la Igualdad de Género en la Negociación Colectiva en la Comunitat Valenciana. Se trata de un documento riguroso y valiente que permite conocer la realidad en los convenios colectivos de la aplicación de la normativa antidiscriminatoria. Su utilidad y eficacia devendrá de la aplicación de las recomendaciones y propuestas de líneas de actuación que contiene. También, la patronal autonómica y la agencia municipal València Activa han puesto en marcha Lidereses destinado a la formación de mujeres para su incorporación a la alta dirección. Se enmarca en el VI Pacto para el Empleo en la ciudad de Valencia para el periodo 2018-2020 que suscribieron, además del Ayuntamiento y la CEV , los sindicatos CCOO y UGT País Valencià.

Si en estos últimos cuarenta y cuatro años, y los que vendrán, la concienciación social de que lograr la igualdad de género en el trabajo es indispensable para el desarrollo sostenible, se trabaja en ello, pero la realidad es la que es, y me refiero a los datos, lo que urge es acortar el camino.

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