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Matías Vallés

Al azar

Matías Vallés

El detector de dictadores

Si un dirigente de la oposición venezolana falleciera súbitamente en medio de un juicio contra su persona, este artículo se agotaría en insultos contra Maduro, Chávez y sus familias respectivas. Sin embargo, el cadáver del expresidente integrista egipcio Mohamed Mursi apenas mancilla la efigie de su autócrata sucesor, el general Al-Sisi.

Cambiando de ubicación, el recién coronado monarca de Tailandia nombró mariscal del ejército del Aire a su perro de aguas. Tampoco Rama X ha recibido críticas por su selección de personal, ni siquiera cuando el pobre animal falleció a los cinco años de asumir el cargo aéreo.

Los ejemplos anteriores invitarían al cinismo sobre la valoración de los líderes mundiales. Sin embargo, la política internacional exige pragmatismo, por lo que urge diseñar un detector de dictadores, que mida el momento exacto en que un sátrapa con el que se mantienen unas relaciones excelentes se convierte en un tirano insoportable. En efecto,

Chávez y Maduro visitaron hace una década al entonces Rey de España en Marivent. Intercambiaron bromas y resolvieron en abrazos la crisis del “¿por qué no te callas?” El detector de déspotas no había alcanzado su temperatura de ebullición.

Sin un detector bien graduado, un columnista despistado puede ser sorprendido denigrando por anticipado a Rama X por nombrar jefa de guardaespaldas a su cuarta esposa, cuando este comportamiento no ha irritado a la opinión pública. O mucho peor, puede defender a un Jefe de Estado, una vez que el detector obligaba a calificarlo de dictador. Cómo no evocar aquí a la ministra de Asuntos Exteriores de Zapatero, que aseguraba que Siria no necesitaba una primavera árabe porque Assad había dado los pasos necesarios para democratizar el país. Por si acaso, Viva Rama X, Viva Al-Sisi. Y sobre todo, muera Maduro, mientras no se mueva la aguja del detector.

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