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No hay plan B

La Feria de Julio se halla instalada en la monótona fórmula de las tres corridas de toros y una novillada picada. Los esfuerzos de la empresa Simón Casas Production se centran en mantener, con cierto decoro, un certamen que necesita nuevas propuestas y un mayor compromiso organizativo.

Más allá de los manidos argumentos triunfalistas de los publicistas del sector, la realidad actual de la fiesta tal como la entienden los taurinos más poderosos deja escaso margen a la innovación. No hay plan B. Lo que les funciona es la combinación clásica con algún toque novedoso que repiten ad nauseam, y que dentro de nada dejará de serlo si la mil veces cacareada renovación del escalafón de matadores fracasa una temporada más. Lo fácil, en estos casos, es continuar como si nada con la gestión de un universo menguante que no tiene visos de superar su crisis de identidad en el corto y medio plazo.

El cambio estructural -que es el importante, el que cuesta tiempo, esfuerzo y talento, virtudes que escasean en el planeta taurino- debe venir de la mano de la actualización -no nos cansaremos de decirlo- del ingente patrimonio taurino al que, hoy por hoy, es ajeno gran parte de nuestra sociedad. Actualización no significa desnaturalización. Todas las propuestas que implican una pérdida, aunque sea mínima, de nuestra identidad, supondrían iniciar el camino de la desaparición de la tauromaquia.

Y como cada temporada, llega José Tomás por estas fechas para recordarnos que otra forma de hacer las cosas es posible. La suya -inimitable pero ejemplar- tendría que mover, al menos, a una reflexión autocrítica básica. ¿Qué hacemos mal que podamos hacer bien? ¿Qué hacemos bien que podamos hacer mejor? Dos sencillas preguntas que serían un primer paso para quienes quieran de verdad iniciar el cambio.

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