Opinión
Matías Vallés
Existe un mundo sin Beatles, pero no sería este
John Lennon le proponía a Paul McCartney que «vamos a componer una piscina», en alusión al destino del dinero que les suministraría su próxima canción. Entre los cientos de millones de personas que mitificaron a los Beatles, nunca figuraron los miembros del cuarteto, por mucho que el ideólogo de la banda proclamara que «ahora mismo somos más populares que Jesucristo, no sé si desaparecerá antes el rock and roll o el cristianismo». Respuesta correcta: Ninguno de los dos, aunque se estén quedando irreconocibles. Como dice Maradona en Maradona cuando un fanático le insiste en que es más importante que el Papa, «no es mucho».
Con Lennon asesinado, el superviviente del dúo de compositores intentó modificar el orden Lennon-McCartney pactado en un centenar de canciones, en McCartney-Lennon. Ni estas mezquindades ni el revisionismo del fenómeno han alterado la dimensión histórica del cuarteto de Liverpool. Justifican una civilización. En la película Yesterday, dos expertos en la vulgarización cultural como el guionista Richard Curtis de Notting Hill y el director Danny Boyle de James Bond juguetean de nuevo con la hipótesis de un planeta que quedara huérfano de la estela de la banda seminal. La conclusión de su experimento sociológico es que puede existir un mundo sin los Beatles, pero no sería este.
Nuestro amontonado recuerdo de los Beatles obliga a la observación ajena para liberar al universo de la existencia del cuarteto. En Yesterday la película, la desaparición de cualquier referencia a Let it be y otras se extiende a un mundo que también ignora la Coca-Cola y el tabaco. El grupo es trasladado así al orbe de las adicciones insoslayables, sobre las que cada habitante del planeta debe pronunciarse. La prueba cinematográfica se endurece al ofrecer versiones desnudas y ásperas de un repertorio centrado fundamentalmente en McCartney, por tratarse de una historia de amor en la senda de Love actually. De nuevo, las canciones sobreviven a la profanación de una versión fílmica que recoge una quincena de composiciones.
Las decenas de piscinas compuestas por Lennon y McCartney muestran que dos personalidades antagónicas pueden convivir en una simbiosis productiva, según atestigua Harvard al aplicar técnicas de Inteligencia Artificial para comprobar la interpenetración de ambas mentes en sus creaciones musicales. Y si alguien ve aquí una metáfora sobre la ficticia estanqueridad de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, adelante con la imagen. Los Beatles son imprescindibles porque conocían a la perfección la fragilidad del material que manipulaban, por eso Yesterday se llamó originariamente Scrambled Eggs o Huevos revueltos.
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