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Billete de vuelta

El tiempo es oro

El tiempo es oro. Especialmente el que se deja correr, que no se recupera por muchas onzas que acaparen los gobiernos y mantengan en cámaras blindadas, al mejor recaudo. Ocurre que además por el oro no pasa el tiempo, que sigue siendo el principal valor refugio de los dineros de los grandes inversores. Cada vez que la economía mundial tose no hay mejor jarabe que unas cucharadas de metales preciosos.

En 2007, el ministro Solbes decidió la venta de 134 toneladas de las reservas de oro del Banco de España para hacer caja, apelando a que no era entonces "un valor rentable". El Gobierno socialista no reconocía el estallido de la crisis, prefería utilizar el eufemismo "desaceleración", y consiguió recaudar 2.180 millones de euros. Hoy el precio del oro se ha multiplicado, hasta el punto que compañías mineras internacionales vuelven a poner los ojos en Asturias, donde se encuentran los yacimientos auríferos más rentables del sur de Europa. Como en el Lejano Oeste, quien encuentra una pepita tiene un tesoro, aunque sea a bateo y en Navelgas.

Que el oro todo lo compra ya lo sabían los romanos, que financiaban sus campañas militares con la extracción a cielo abierto de las vetas auríferas. De esa actividad tenemos interesantes evidencias tanto en el paisaje del suroccidente de la región como en la toponimia. Y puede que pronto vuelva a Asturias la minería dorada, en la actualidad mucho más sofisticada, a horadar el subsuelo de los municipios de Belmonte y Salas.

También los economistas alertan de que el tiempo es oro, sobre todo el que se pierde en formar Gobierno. Cuanto más tarde Sánchez en ponerse de acuerdo con alguien para garantizarse la investidura, pero para la economía del país.

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