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Esclavitud a la vuelta de la esquina

Doce de la mañana, delante de mí, en una de las cajas del supermercado de mi barrio una chica asiática de formas voluptuosas que vestía una corta camisola a través de la que se veía un tanga era objeto de todas las miradas de las personas que estábamos esperando para pagar. Con un comportamiento tímido, nervioso, mirada huidiza y sin hablar nuestro idioma intentaba comprar seis botellas de whisky bajo la intimidatoria actitud supervisora de su cancerbero de pie al final de la caja. Con más frecuencia de la que a veces nos parece, los medios de comunicación nos informan sobre casos concretos de explotación laboral y sexual en nuestro entorno más próximo, aunque no nos demos cuenta y no seamos conscientes de que en la puerta de al lado puede haber una persona sometida a explotación.

A pesar de que el artículo 4 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que data del año 1948 establece que nadie estará sometido a esclavitud ni servidumbre y que la esclavitud y la trata de esclavos esta prohibida en todas sus formas, lo cierto es que en este siglo continúan habiendo formas de esclavitud, y una de ellas es la trata de seres humanos para su explotación sexual. El pasado día 23 se celebraba el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas que fue instaurado por la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en el año 1999.

La dimensión mundial de la que lacra que supone la trata de personas para su explotación sexual es de tal magnitud que el pasado mes de julio el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba una resolución exigiendo a los estados miembros que las acciones de colaboración internacional contra las redes de delincuencia organizada que al fin y al cabo son los perpetradores, fueran enérgicas.

Es que lo mires por donde lo mires, los datos son espeluznantes y sobrecogedores en cualquier ámbito, el mundial, el europeo y el nacional. Hace ya diez años, en el 2009 la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) estimaba en su Reporte Global en 2,5 millones el número de personas víctimas de trata. Esta oficina es la responsable de la aplicación del Protocolo de Palermo del año 2000 contra la trata de personas que han ido ratificando los estados comprometiéndose a prevenir y combatir la trata, y a proteger y asistir a las víctimas. El Informe de la Comisión de la Unión Europea de 2018 sobre los progresos realizados contra la trata de seres humanos, destaca que el 44% de las víctimas son ciudadanos de la UE, la sexual es la forma de explotación más frecuente, siendo mujeres y niños el 95% de las víctimas constatadas. En España tenemos el Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Niñas con fines de explotación sexual con una vigencia inicial de cinco años que finalizaba en 2018.

Las medidas y los recursos para desarticular las redes de explotación y para atender y proteger a las víctimas, las dos acciones capilares para solucionar esta situación despreciable no están siendo suficientes porque la mayor parte de las víctimas y traficantes no se detectan por lo que no aparecen reflejados en estadísticas e informes. Lo que me hace pensar que la chica del supermercado es una más de las que no forman parte de las cifras de la estadística.

Aunque nuestro deseo sea erradicar esa lacra, es evidente que siendo realistas sólo se puede aspirar reducirla que no es poco. Para ello, las actuaciones sólo pueden proceder de la colectividad y la colaboración porque debido a su dimensión una actuación individual carecería de eficacia. Que la responsabilidad máxima es de los gobiernos es obvio, pero no resta importancia a la implicación y participación que está teniendo la sociedad civil y de hecho ya existe la Red Española contra la trata de personas. No obstante, individualmente si podemos exigir a nuestros políticos que las acciones para solucionar este problema estén recogidas y desarrolladas específicamente en sus programas, sobre todo ahora con el horizonte electoral del 10 de noviembre. No hacer nada nos convierte en cómplices.

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