06 de octubre de 2019
06.10.2019

Trabajo decente y viajes a la dignidad

06.10.2019 | 21:40
Trabajo decente y viajes a la dignidad

El año 2019 es el del centenario de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de Naciones Unidas. Esta institución recoge, entre sus principios rectores, que el trabajo no es una mercancía, que la libertad de expresión y asociación es esencial, que la pobreza constituye un peligro para la prosperidad de todos y que la lucha contra ella debe basarse en el diálogo social. Ante la conmemoración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente (TD) del 7 de octubre, también las organizaciones de solidaridad reclamamos las condiciones de TD, el trabajo digno.
La OIT lo ha definido como aquel empleo productivo que proporciona un salario honesto, que respeta las normas fundamentales del trabajo y protege derechos, garantiza la igualdad de oportunidades y de trato frente a cualquier discriminación, asegura protección laboral y social, permite vivir a personas y familias en condiciones decentes, y se organiza mediante la participación y la negociación entre representaciones legítimas.
Este programa quedó incorporado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptados en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2015, en concreto es el objetivo 8º de la Agenda 2030, y que insta a promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el pleno empleo productivo y el TD, vinculando a sus 193 estados signatarios.

Decía el ex secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, que el crecimiento económico, por sí solo, no es suficiente. Se debe empoderar a las personas con TD, apoyarlas mediante la protección social y garantizarles el reconocimiento que legítimamente demandan.
Este mismo año, la Comisión Mundial sobre el futuro del trabajo de la OIT propone «un programa centrado en las personas para el futuro del trabajo, que fortalezca el contrato social». Se trata de situar a las personas en el centro de las políticas económicas y sociales, apoyando las transiciones de jóvenes, trabajadores de edad y migrantes, entre otros colectivos, así como de fortalecer la igualdad de la mujer frente a brechas laborales y sociales. Solo así se garantiza una protección social universal que alcance especialmente a las personas más vulnerables.
En ello, y con toda modestia, estamos comprometidos en la Fundación Novaterra. Hablamos de «viajes hacia la dignidad», conscientes de que el compromiso con las personas, con su reconocimiento, y con su dignidad, es una responsabilidad de todos y que este itinerario a todos nos concierne y a todos nos dignifica. «Viaje a la dignidad», en realidad, es el que todos recorremos a través del reconocimiento y la solidaridad.
Es evidente que, ante tarea de tal magnitud, tenemos mucho por hacer. No cabe pensar en un cambio de modelo económico y productivo sin afrontar un nuevo modelo social y, si algo nos preocupa, es que la recuperación de la recesión no sienta las bases de un nuevo modelo social más justo. Es más, las nuevas realidades productivas y laborales plantean ya nuevos riesgos de precarización, de pobreza, de pérdida de estándares de calidad de vida, tanto en el propio empleo como en los centros de trabajo.

Y todo esto nos preocupa porque los derechos socioeconómicos son el preámbulo de los derechos civiles y políticos. Decía Amartya Sen, el laureado y comprometido economista indio, que la pobreza es una de las barreras que dificulta la expresión de las libertades de los seres humanos, impidiendo el desarrollo. Cuánto más le afectará ello a una democracia auténtica.

En la Fundación Novaterra pensamos que ese «Viaje a la Dignidad» no es un itinerario o un proceso diseñado para personas vulnerables, sino la afirmación de que, en el hecho de acceder a un trabajo, nos jugamos la dignidad de todos.

Frente a constitucionalismos sesgados, la reivindicación del TD remite a la conexión con el valor de la dignidad personal que reconoce la Constitución, que es fundamento del orden político y de la paz social (C.E. 10,1; 35,1). Ante las constantes y nuevas precariedades, debemos exigir que el pleno empleo, digno por supuesto, sea el objetivo central de una política democrática (40,1) si queremos alcanzar la meta de construir una sociedad inclusiva y solidaria.

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