11 de octubre de 2019
11.10.2019
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El barullo como estrategia

11.10.2019 | 20:44
El barullo como estrategia

«Avanceu medidors; esgoteu termes,/
malejeu-los, ompliu-los de gemecs,/
mediu-nos l’amargor de la impotència/
però… ¡guardeu-vos! Surt espés/
un fum de fosca rebel·lia…».

Matilde Llòria, 1960

El 9 d'octubre es barullo. Declaraciones. Lío por la mañana en la procesión cívica. Barullo por la tarde en las manifestaciones. La exhumación de Franco agita las conciencias más de 40 años después de su desaparición. No hay barullo porque las imágenes del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago sigan en la casa que fue del dictador, antes de Rosalía de Castro, el Pazo de Meirás. La Transición española registró, sin barullo, 714 fallecidos -más de la mitad de Eta y 362 civiles- junto a miles de heridos. El paso de la dictadura a la democracia en Portugal se zanjó con seis muertos. Cuatro por disparos de la policía política lusa (PIDE). El Museo del Aljube -aljibe en castellano-, junto a la catedral de la capital portuguesa, cumple con el deber de gratitud y memoria del país a las víctimas que combatieron por la libertad y la democracia durante la dictadura.

Lustre. Las eleciones portuguesas han puesto en órbita la estrategia del barullo.¿ Qué es todo este barullo?¿Es preferible el barullo a plegarse al sistema? Esa es la opción de la coalición de comunistas y verdes en Portugal: el voto del barullo («Voto que faz barulho», el de la CDU). Partido que ha igualado resultados con la convocatoria anterior y puede quedar fuera del pacto de legislatura. El veterano Partido Comunista Portugués, aunque mantiene el tipo, ya no son necesarios para gobernar. No ha conseguido provocar suficiente barullo. La polvareda no le ha sido favorable. El temperamental Antonio Costa, socialista a la vieja usanza, ha mejorado sus resultados, es el favorito para presidir gobierno. Goza de reconocimiento en la Comisión Europea. Un respaldo decisivo.

Morir de éxito. Lisboa este mes de octubre, en el flanco atlántico de la Península Ibérica, está espléndida. Puede morir de éxito. En la vorágine de la exacerbación del turismo descontrolado y depredador. Los liberales mimetizan las ideas trasnochadas de Margaret Thatcher: «el socialismo llega hasta que se acaba el dinero de los demás». Así le ha ido. Con un solo diputado en el parlamento Portugués. Barcelona, en pleno barullo desde el frente noreste peninsular, padece crisis de crecimiento, añadida a la inestabilidad política de un proceso independentista que no encuentra salida a sus anhelos. Distantes Lisboa y Barcelona. Con unas relaciones comerciales (Calalunya-Portugal) con tradición y potencialidad, transmiten sensaciones diferentes.

Federalista. Si es posible ahondar en la tesis de la Unión Ibérica, la fórmula estaría enfocada hacia el federalismo periférico. Entre sus promotores entusiasmados: Francesc Pi i Margall, Menéndez Pelayo, Miguel de Unamuno y Joan Maragall. Quedó en propuesta cultural de la élites intelectuales. Siempre en los momentos propicios a la creación de un Estado compuesto luso-hispano, han surgido acontecimientos que lo han impedido. La proclamación de las dos repúblicas españolas (1873 y 1931), Guerra de Cuba, Dictadura de Primo de Rivera, la sublevación militar de 1936. La Segunda Guerra Mundial que ocasionó el Pacto Ibérico de 1942 con el que Franco y Oliveira Salazar sellaron su alianza dictatorial. Quedó sepultada sine die la integración Portugal-España.

Ruido. El barullo de la Unión Ibérica provoca un ruido que manifiesta la voluntad de portugueses y españoles de acuerdo con una potencial vinculación. Por una parte van las preferencias de los ciudadanos -de ambos países- y por otra, van las correspondientes estamentos públicos y los partidos políticos que los sustentan. El conflicto abierto entre Catalunya y el Estado español, supedita cualquier propuesta peninsular a su resolución. En el proceso secesionista catalán, actualmente estancado, podría servir de revulsivo el replanteamiento de una fórmula novedosa y sugerente que convirtiera a la península Ibérica en una República Federal periférica. En la Constitución Española de 1931, se optaba por la fórmula republicana y se reconocía la doble nacionalidad a los portugueses afincados en España.

Triángulo. En el barullo entre monarquía o república, las fricciones provocadas por el sistema político se incrementarían con el tratamiento de las lenguas, el establecimiento de la capitalidad con tres opciones sugerentes: Lisboa, Barcelona o Madrid. La coparticipación tricéfala y tolerante de las tres urbes podría acabar con resquemores y sentimientos controvertidos. Muy espinosos entre dos alternativas. Se podría suavizar al entrar en una negociación a tres bandas. Esta polémica alcanza su punto álgido con tres acontecimientos que son noticia: la exhumación y traslado de los restos del general Franco, y las elecciones portuguesas y españolas en otoño de 2019. La capitalidad es susceptible de ser repartida, como envite imaginativo.

Los políticos recurren al enfrentamiento personal y visceral entre españoles para conseguir rédito electoral. La política no duda en exacerbar las bajas pasiones y las malquerencias. Estas elecciones generales del 10-N regresan al inicio. Las heridas de la desobediencia y dela vulneración de la legalidad rompen los requisitos de la democracia liberal y del Estado de derecho.

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